Un gobierno ordinario, elegido por los votos del pueblo, de 5 años, suele ser juzgado con un mayor nivel de severidad a partir del primer año de su ejercicio del poder; en este plazo de tiempo pueden verse ya las bases o principales rasgos que marcarán el quinquenio. Se ha dejado ver por ejemplo la baraja de temas que su gestión impulsará como prioritarios, el equipo con el que cuenta, su capacidad de convocar aliados de otras tiendas y la forma como encara las crisis que los sectores del Estado y los agentes sociales que dependen de los mismos siempre les deparan a los gobernantes. 12 meses es un tiempo prudente para hacer un balance.

Caso muy distinto es el de un gobierno extraordinario, un gobierno de transición, que tan solo tiene un breve lapso de tiempo para hacer el relevo democrático y legarle algo a la patria. Un gobierno de apenas 8 meses como el de Francisco Sagasti en los 45 días que tiene ya de instalado debió haber marcado claramente un rumbo sobre las pocas cosas que todos esperan de él. La tarea para los Morados no va más allá de no hacer mayores desórdenes en la economía, controlar la segunda ola de la pandemia y evitar que el caos social profundice la crisis que vivimos hoy.

Debo decir con claridad que, a pesar de lo que diga la cúpula morada, al constatar que no sólo el presidente Sagasti, sino asesores como Carlo Magno Salcedo o el ministro Élice son militantes y/o ex candidatos congresales de su Partido, es claro que son ellos -su partido colectivamente- los que conducen la nación, no es una transición de Sagasti a nivel individual. Este es Gobierno del Partido Morado; un anticipo de lo que sería en los hechos el proyecto fundado por Julio Guzmán. Lo que ocurre hoy de un modo u otro sería lo que ocurriría si Guzmán fuera presidente. Es decir, falta de liderazgo, desorden social y pérdida de brújula.

Sagasti ha invertido este mes y medio en ratificar a las ineficientes Mazzetti y Molinelli en Minsa y en EsSalud, en tratar de debilitar la moral de la policía y en prolongar una crisis alrededor del tema agrario, que aún hoy no termina de resolverse. En el tema policial es increíble la forma de proceder tan irracional que están desarrollando, imponiendo ascensos, obligando a los efectivos a hacerle frente a las turbas sin armas y al final responsabilizándolos de cualquier impase. Esto pareciera una suerte de consigna con mucha carga ideológica sumado a un interés, detrás del que puede estar Gino Costa, de controlar la institución desesperadamente.

Quizás el único mediano acierto de estas breves semanas ha sido nombrar en el MEF a Waldo Mendoza, un catedrático universitario de prestigio. Mantener a María Antonieta Alva o nombrar al voceado Alonso Segura hubiesen sido grandes errores. La perspectiva responsable de W. Mendoza es la correcta, aunque es verdad que tampoco hay medidas audaces en materia económica. Por supuesto que frente a la carencia de perspectiva y responsabilidad de un parlamento que se mueve y da leyes conforme al humor popular ya es algo.

Recordemos que Manuel Merino fue lapidado al ocurrir las luctuosas muertes de 2 jóvenes. El Partido Morado ya lleva 3 fallecidos en sus primeros 45 días y nadie parece tomarlo como un hecho gravitante. ¿Alguno muertos valen más que otros? El Gobierno Morado es una mediocridad manchada de sangre.

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