Aunque a la inversa, el despropósito de Yonhy Lescano al anunciar que pedirá a Chile la devolución del Huáscar, ha promovido que una vez más salte a la palestra la figura luminosa del Gran Almirante Miguel Grau y de los héroes que lo acompañaron en la gesta del glorioso monitor.

El Huáscar es hasta ahora un botín de guerra obtenido por los chilenos luego de su victoria en el combate naval de Angamos el 8 de octubre de 1879. Solicitar la “devolución” no solo afrenta nuestra dignidad nacional sino que contradice las propias palabras de Grau: “Todo lo que puedo ofrecer es que si el Huáscar no regresa triunfante al Callao, tampoco yo regresaré”.

Grau murió exactamente a las 9.50 am de ese fatídico 8 de octubre cuando un disparo de la fragata blindada chilena Cochrane impactó la torre de mando del Huáscar. Nada pudo hacer el Cirujano Mayor, Santiago Távara -mi bisabuelo- para auxiliarlo pero la tripulación continuó en esa batalla desigual al grito del teniente Enrique Palacios: “en este buque nadie se rinde”.

Durante largos meses Grau había sorteado a la escuadra chilena derrotándola en diversos combates navales, particularmente el de Iquique en donde, al contrario de lo que hicieron los chilenos con la tripulación de la Independencia, rescató a los marinos sureños tras el hundimiento de la Esmeralda y luego envío una sentida carta de condolencia y la espada a la viuda del héroe chileno Arturo Pratt, capitán de ese barco, muerto en combate. No tomó el arma de Pratt como botín de guerra.

Grau sabía perfectamente bien que los cañones del Huáscar no podían penetrar la coraza de las fragatas chilenas. Ni la desventaja numérica ni el total desequilibrio del armamento impidieron que, durante largos meses, el buque insignia del Perú bajo el mando del Caballero de los Mares se convirtiera en la pesadilla de la escuadra chilena y que, durante ese lapso, se detuviera la invasión del territorio nacional que luego se concretó con los catastróficos resultados registrados en la historia de nuestra Patria.

A lo sumo, podría aceptarse, como iniciativa del gobierno de Chile y como un acto de buena voluntad, que se procediera al simbólico hundimiento del Huáscar en el Mar de Grau, nuestro mar, cumpliendo con el compromiso del Gran Almirante que nunca regresó pero cuya imagen y ejemplo siempre deben permanecer vivos y resplandecientes en la memoria de todos los peruanos.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz