Es tiempo que los peruanos, sus millones de ciudadanos y la opinión pública, aterricen en definiciones concretas respecto de la corrupción política, en especial la que estuvo siempre sobre nuestras cabezas burlándose de nuestras vidas y de las instituciones, la que se estructuró por Odebrecht y sus socios constructores nativos en las últimas dos décadas, donde aparecen algunos nombres de las familias Graña y Miró Quesada.

Pero separemos la paja del heno. No pongamos a todos los Graña o Miró Quesada en el mismo saco, y conozco a algunos porque como periodista tuve con aquellos algún litigio judicial y el tiempo, sobre la base de un periodismo fiscalizador y limpio, me dio la razón; además porque en todo grupo humano hay excepciones y desde luego personas honorables.

El punto es que el país ha llegado a una situación donde los peruanos debemos optar por lo siguiente: o seremos drásticos contra la corrupción, que incluso toma a la Fiscalía como su cómplice para navegar feliz en el mar de la impunidad (el caso Odebrecht es ilustrativo al respecto); o seremos permisivos con quienes, a sabiendas de los contratos y sus adendas corruptas, no solo delinquían con políticos de derecha, centro e izquierda, sino que encima seguían manejando la noticia, dos canales de televisión y tres ONG amigas. En resumen, continuaban apareciendo como la llamada “gran prensa” del Perú.

Entonces, ¿a qué lugares o definiciones deberían aterrizar los peruanos en este Bicentenario frente a la corrupción, frente a los corruptos y corruptores? En primer lugar, lleguemos al Bicentenario dejando de llamar “decano” a “El Comercio”, porque ha perdido ese título si alguna vez lo tuvo. El diario “El Comercio” no más debería de ser denominado como “decano de la prensa nacional”, porque a la prensa se la respeta.

En segundo término, y por lógica consecuencia, el ciudadano pensante debe dejar de comprar o consumir un diario que directa o indirectamente se alió a Odebrecht, constructora esta que debió -por dignidad nacional- ser expulsada del país cuando se evidenció que se burlaba de la justicia peruana. Finalmente, y por salud mental de niños, adolescentes, adultos y adultos mayores, los peruanos deberían dejar de ver los noticieros de los canales de la señal abierta o cable ligados al Grupo El Comercio. Porque con esa mala televisión adormecieron, enfermaron o manipularon no solo a los televidentes sino a los politicastros con quienes se las arreglaron para traicionar al Perú.

@RafaelRomeroVas