Muchas veces en la vida de los seres humanos existen experiencias que se las guardan dentro de sí, sin compartirlas con nadie por diferentes razones, personales, familiares, laborales, sociales, económicas, políticas. A veces, el silencio es bueno, porque permite a las personas, reflexionar, meditar o no es conveniente que terceras personas se enteren de su estado de salud, como, por ejemplo, una paciente que durante muchos años sufría de cáncer, la familia se lo había ocultado por no generar más tristeza a su situación, pero un día consulta a otro galeno sobre su estado de salud y éste decide a su criterio decirle la verdad, que le faltaba poco tiempo de vida, la paciente decide suicidarse, lanzándose por la ventana. El médico quiso prepararla para el final de sus días, pero no previno la susceptibilidad de la paciente, además no lo hizo con mala intención, muchas veces las reacciones son impredecibles, están alojadas muy adentro de las personas y no se sabe en qué momento van a salir a la luz. Por lo tanto, considero que el silencio es viable.
En otros casos, el silencio afecta a las personas por no tener la posibilidad de compartirlas con alguien, de poder recibir una orientación, consejo, alternativas, a los casos que le preocupan, durante muchos años no lo hablan, moldeando una personalidad insegura, como el siguiente caso que les comento. Se trataba de una niña, que desde que tuvo uso de razón sentía muchos vacíos y soledad en su interior, porque nunca se había sentido querida, amada, por su entorno familiar y en la escuela. Era la alumna problema que había sido rotulada en el colegio, sin ver más allá de buscar las causas del comportamiento y rendimiento y menos se habían preocupado cómo era la dinámica familiar con el fin de buscar alternativas de solución. En la casa y la escuela era una persona que expresaba lo que sentía, calificándola de rebelde, pero considero que había motivos para reaccionar de esa manera, la falta de comprensión, el no ser escuchada, el no entender que era una persona distinta a las otras, en el sentido que su comportamiento obedecía a que no le hacían caso, no la tenían en cuenta, a comparación de sus compañeras formales. Esta muchacha, al llegar a su juventud, se enfermó del sistema nervioso, teniendo la necesidad de concurrir a diferentes profesionales de salud mental, llevándose una mala experiencia, porque todos le prescribían tabletas para la ansiedad, angustia, depresión y lo que ella buscaba era ser escuchada y de tanto buscar encontró al profesional adecuado, que la supo comprender, guiar, brindándole las herramientas necesarias para manejar su mundo existencial. Ahora es una mujer, esposa, madre y profesional de éxito.
Para canalizar los vacíos existenciales de las personas de cualquier naturaleza, no hay que quedarse callados, porque esa actitud empeora el estado espiritual, emocional y físico. Para los creyentes en Dios es importante conversar con él, es amigo y va a saber escucharte y ayudarte, te vas a sentir liberado, de muchas ataduras, que creías, que nunca se iban a solucionar. Otra sugerencia es que leas la biblia, los Salmos, Proverbios, Deuteronomio, Eclesiastés, encontrarás paz y respuestas a tus preocupaciones. Puedes buscar un Consejero Espiritual, psicólogo, psiquiatra, que tengan una orientación humanista de ayudar al prójimo. Como complemento haz deporte al aire libre, escucha música relajante, lee lo que te gusta, comparte una conversación constructiva y encontrarás respuestas y te sentirás libre con una buena actitud frente a ti mismo y a la vida.

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