Los momentos de gran consternación social, política y económica -como los que ahora atravesamos los peruanos- generan gran angustia; y, sobre todo, desconcierto en las sociedades afectadas.

La gente se siente impotente para reaccionar frente al desastre que tiene por delante. Hombres y mujeres se encuentran sumidos en los estragos de una crisis que amenaza no sólo con empobrecer horizontalmente al país, sino además trastocar las estructuras de convivencia entre la población, para imponerle un régimen comunista con fecha de instalación aunque sin tiempo de salida. Hoy ha desaparecido nuestro temperamento emprendedor.

Esto unido a la sequedad de la inversión privada –asimismo pública- fruto del desastre económico que produjo el miserable Vizcarra, hoy lo ahonda un neófito apellidado Castillo. ¿Resultado? ¡Ha desaparecido la oferta de empleo! Ese drama ha arruinado a millones de familias, que han pasado desde la clase media y/o la menesterosa a la misma indigencia. Gente que ahora vive ahogada en deudas que se multiplican cada día y como secuela sin dinero suficiente para pagar sus alquileres, la educación de sus hijos, la salubridad en tiempos de pandemia, la alimentación de los familiares. etc.

En medio de tanto pesimismo, el ciudadano pierde toda iniciativa para enfrentar la tragedia que lo inutiliza. ¡Necesita escuchar alguna voz inteligente que lo guíe! Sin embargo, hace ya muchos años que los partidos políticos –llamados a orientar al pueblo en todo momento- sencillamente han colapsado.

Como resultado, existe un vacío de liderazgo en la nación. Son pocas las voces coherentes, valientes, decididas a plantar cara por el pueblo. Y, como urge hacerlo en este tiempo de alta convulsión, proponerle un norte al ciudadano.

En este orden de ideas, resulta no solo dramático sino intolerable que un gobernante como Castillo, investido en forma espuria por un jurado electoral que rechazó revisar las graves imputaciones de fraude ocurrido en primera y segunda vuelta, en plena crisis nacional esté dedicado no sólo a agravar la coyuntura socioeconómica y política sino que, a contramano de lo que le compete como presidente que “ganó” una elección en primera vuelta sólo con 11% de apoyo poblacional, en vez de gobernar decida hacer campaña para imponerle al Perú una nueva constitución, atropellando los procedimientos de la Carta vigente.

En medio de este atolladero surge en el panorama la esperanzadora voz de un político juvenil, sagaz, muy preparado como Lucas Ghersi Murillo. Persona dotada de atributos profesionales, inmenso carisma y liderazgo, Lucas Ghersi es un Abogado en ejercicio que, con decisión y sin arredrarse, impulsa una campaña para impedir que el gobierno comunista de Castillo convoque a una constituyente, con el propósito de transformar al Perú en copia y calco de Venezuela.

En reciente entrevista, cuenta que “adonde más firmas hemos recolectado en un solo lugar es en la Plaza de Armas de Cajamarca. Se obtuvo ahí más que en los centros comerciales de Lima. Un respaldo masivo de la sociedad.”

Ghersi Murillo pertenece a nueva generación de políticos que, estamos convencidos, consolidará suficiente respaldo popular para salvar al Perú de las garras comunistas.

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