Hace bien el presidente Sagasti en deslindar oportunamente del miserable Martín Vizcarra, que gobernó dos turnos antes que él y fue vacado por el Congreso que luego lo puso al frente, con tamaño encargo de transición. Difícil de tramitar, por cierto, considerando la crítica situación en la cual nos dejó el inefable Vizcarra.

Pero el domingo en la noche vimos a otro Sagasti. Uno que dejó de recitar a Vallejo para sufrirlo en carne propia. Uno que entendió que la política peruana significa mucho más que encontrar culpables para la foto. Que, en circunstancias como esta, significa encontrar responsables de carne y hueso.

Porque para los rostros de esos miles de peruanos muertos por la covid-19, sentenciados por una Salud pública que no se dio abasto para salvarles la vida, es un absurdo entender las explicaciones idiotas que dan esos funcionarios públicos que aprovecharon sus cargos de poder para ponerse una vacuna junto a sus familiares, que bien pudo salvarles la vida a indefensos o vulnerables que sí lo necesitaban. ¡Eso es traición a la patria! Aquí y en cualquier parte del mundo.

No sabemos si las distintas iniciativas por investigar este deshonroso acto presidencial a nivel mundial, único en el mundo, lograrán impedir la elección final de este personaje que no merece siquiera llamarse padre de la patria. Pero de lo que sí estamos seguros es de que desde esta tribuna daremos batalla porque se haga justicia y caiga sobre él todo el peso de la Ley.

Pensé que no había forma de superar el primer lugar que ocupamos con la mayor cantidad de muertos durante la primera ola. Me equivoqué. Sí se puede estar peor. Vizcarra se superó a sí mismo.

El reto hoy es defender la poca institucionalidad que nos queda y la débil democracia que pende de un hilo, frente al apetito de los radicales que salivan por volver a tomar control de un Estado, que continúe defendiendo los privilegios de unos pocos a costa de las grandes mayorías.

Sagasti tendrá que impedir que las fuerzas tanáticas y antisistema aprovechen el bache que nos pone al frente la idiotez y la medianía del expresidente Vizcarra, fortaleciendo el poder de turno con soluciones concretas que salven vidas, con oxígeno, con camas UCI, con más vacunas y vacunación a los más vulnerables y a la primera línea de lucha contra este enemigo invisible que hoy nos tiene contra las cuerdas, pero que no puede vencernos.