Seguridad, una palabra que puede tener un doble significado: un sentimiento y una realidad, que no representan lo mismo; una persona puede sentirse segura incluso si no lo está, puede estar seguro sin sentirlo. En las líneas siguientes reflexionaremos acerca de los dos conceptos, por separado, tratando de establecer coincidencias y divergencias; nuestro idioma, sin duda, es complicado con algunas palabras y lo que ellas definen, por ejemplo, seguridad también significa compensación, este significado todavía aparece en Diccionario de la Real Academia Española.
Existen en el mercado alarmas antirrobo para nuestra casa, su adquisición dependerá del lugar donde vivimos, las personas que nos acompañan, las cosas que tenemos, nuestra disposición a aceptar los riesgos contra nuestra propiedad; muchas decisiones tomadas en nuestra vida cotidiana corresponden a la seguridad: utilizar el cinturón de seguridad, asegurar la puerta se nuestra habitación, al elegir un lugar donde comprar o alimentarnos; tomamos estas decisiones como lo haría cualquier ser vivo en su instinto de supervivencia; pero, no siempre tomamos las decisiones sensatas y esto se debe a que respondemos al sentimiento -o sensación- de seguridad y no a la realidad, esto nos ha acompañado desde los inicios mismos de la humanidad. En la percepción del riesgo, existen sesgos que surgen una y otra vez, a manera de ejemplos, citaré algunos: La gente común prefiere viajar en transporte terrestre antes que en aviones, sin embargo, la tasa de accidentes terrestres es muy por encima superior a los accidentes aéreos; creemos que lo desconocido es más peligroso que lo familiar, los datos demuestran que la violencia familiar (de todo tipo) es más común dentro de la familia que fuera de ella; percibimos que el riesgo personificado es mayor que el riesgo anónimo, le tememos más a un delincuente conocido que a un delincuente desconocido; subestimamos los riesgos cuando tenemos control sobre la situación, como los deportes de aventura, y sobrestimamos el riesgo cuando no controlamos la situación, un ejemplo sería el terrorismo, el cual no está bajo nuestro control.
La economía y el mercado son impulsores de la seguridad, inteligentemente las empresas procuran que las personas se sientan seguras, esto se puede lograr de dos maneras: haciendo que las personas estén realmente seguras esperando que se den cuenta o haciendo que las personas se sientan seguras esperando que no se den cuenta. La gente se dará cuenta cuando comprenda la seguridad, los riesgos, las amenazas, las respuestas, mientras más conozcas estas cosas es más probable que los sentimientos concuerden con la realidad, todos tenemos la noción del índice de criminalidad en nuestro vecindario, nuestro distrito o nuestra ciudad, ello se refleja en nuestro sentimiento de seguridad. Si no comprendemos los riesgos y sus consecuencias, es muy probable que nuestra respuesta y nuestro sentimiento de seguridad no coincida con la realidad, por ejemplo: un ataque terrorista es poco probable que ocurra en estos días, por consiguiente, será difícil evaluar las medidas antiterroristas; a ello le podemos sumar otros sentimientos que nublan nuestra percepción: miedos o creencias populares.
Para concluir, tenemos sentimiento y realidad; el sentimiento está en nuestra cabeza y la realidad en el mundo exterior, el sentimiento se basa en la intuición y la realidad no cambia, es real; sin embargo, en los últimos tiempos estamos viviendo en un mundo tecnológico, donde la realidad ya está cambiando constantemente; si el sentimiento persigue a la realidad, con la idea de que esta no cambia drásticamente, hoy es día es imposible que ambos estén en sintonía y esto es algo que nos debe preocupar. La seguridad no solo es realidad, también es sentimiento, lo que debemos procurar es que nuestros sentimientos coincidan con la realidad, de eso se trata la verdadera seguridad.