¡Buenos reflejos!, fueron los mostrados por el Congreso de la República la noche del miércoles, anticipándose a una eventual crisis política como ellos mismos denominaron de “graves consecuencias”, entrevistándose con el jefe del Estado, Pedro Castillo, ante delicadas declaraciones formuladas horas antes por el premier Guido Bellido, al término precisamente de una sesión del Consejo de Ministros, donde señaló que “de ser necesario, pedirá cuestión de confianza por la permanencia del titular de Trabajo”, a propósito de la moción de interpelación contra éste por eventos vinculados con él con antelación a su cargo de ministro de Estado.

Efectivamente, la Junta de Portavoces del Congreso por unanimidad rechazó las citadas declaraciones del premier que para muchos podía interpretarse como una suerte de obstrucción al ejercicio de uno de los mecanismos de control político del Legislativo hacia el Ejecutivo, la “interpelación”, que garantiza el necesario balance de los poderes públicos, para cuya convocatoria se exige muy pocas firmas y ya si fuera el caso, de no satisfacer las respuestas del interpelado, llegar a su “censura”, medida extrema que acarrea consecuencias políticas al ministro, “su renuncia al cargo”.

Sin embargo, el acuerdo más estratégico, más político, fue el que una comitiva de voceros presididos por la presidenta del Congreso, María del Carmen Alva, se constituyera “ipso facto” en Palacio de Gobierno para reunirse con el mandatario Pedro Castillo, a fin de recoger sin intermediarios su parecer y con ello también, conversar, intercambiar opiniones, sugerencias y en su caso, críticas entre ambos poderes del Estado, en suma “hacer política”, algo tan elemental y tan esquivo en el país.

La cita podría considerarse de auspiciosa, a juzgar por la respuesta del presidente Castillo, de que lo dicho por el PCM no reflejaba el sentir del gabinete ministerial ni que una “cuestión de confianza” se encontraba en la agenda. Esto logró apaciguar los ánimos caldeados en la clase política ante los constantes affaires del PCM Bellido y alejó los fantasmas, por ahora, de la disolución del Congreso o una eventual vacancia del cargo del presidente de la República, escenarios que nadie en su sano juicio desea para el Perú y su frágil democracia.

Ahora bien, ¿es posible confiar a pie juntillas de lo expresado por el presidente Castillo?, ¿se mantendrá en su posición o se dejará influir por terceros?, ¿es ajeno al accionar del premier Bellido o juega en pared con éste? Bueno, que cada cual se responda. Por lo pronto, al cierre de esta columna, un tuit inquietante ha sido publicado en la cuenta Twitter del jefe del Estado, luego de varias horas a su cita con los voceros congresistas, en el que para mantener la estabilidad democrática la censura y la confianza forman parte del equilibrio político ¿Es decir? Basta ya de confrontación, el Perú no da para más.

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