El hecho de que en el Perú se hablan 48 idiomas originarios es un indicador de la complejidad del “ser peruano”. Proponemos una mirada más allá del multilingüismo, para lograr una verdadera inclusión social. Desde un enfoque sociohistórico, después del descubrimiento de América y la posterior conquista del Perú por parte de los españoles a partir de 1532, los llamados pueblos indígenas fueron sometidos a explotación e incluso exterminio, pues los conquistadores vinieron ávidos de encontrar riquezas y tesoros, y no les importó realmente que los pueblos originarios mantengan su cultura, costumbres, idioma y territorios.

Cuando Francisco Pizarro llegó al Perú, aquí existía el Imperio Inca, quienes tenían una organización política y social considerada muy desarrollada. El Tahuantinsuyo (los “cuatro suyos”), cuyo centro administrativo era el Qosqo, tenía una extensión enorme de territorio que abarcaba lo que hoy los países de Perú, Ecuador, Chile, Colombia, Argentina y parte del Brasil. Tenían un extraordinario sistema de caminos conocido como Qhapaq Ñan, que ha sido declarado por la Unesco como “Patrimonio cultural de la humanidad”.

Hay evidencias, tal como lo ha señalado la historiadora María Rostworowski, de que el Estado Inca no fue el paraíso que muchos han idealizado, sino que también fue un Estado opresor y conquistador, que sojuzgó a muchos pueblos como los Chachapoyas, Chimú, Tallanes, Collas, Aymaras, Puquinas, y que incluso impuso como única lengua oficial al kechwa o “Runa Simi”: la lengua del hombre, y esa imposición fue por la fuerza. Cosas de la historia.

Después de la captura y asesinato (maquillado de “ejecución”) del Inca Atahualpa en Cajamarca en el siglo XVI se inicia una etapa sangrienta y cruel, que dio lugar al “mestizaje” y que algunos autores denominan “encuentro de culturas”.

Pero más que un “encuentro” fue un proceso doloroso donde hubo un dominador y grupos dominados. A pesar de que las órdenes religiosas (dominicos, franciscanos, mercedarios) tuvieron el afán de evangelización y adoctrinar o catequizar a los naturales con la religión católica, es cierto que hubo muchos religiosos que apoyaron la denominada “extirpación de idolatrías”.

Tras la conquista se instaló el Virreinato del Perú, al mando del Imperio de España, que fue uno de los más grandes imperios por el vasto territorio que dominaron. A través del sistema de “encomiendas”, los españoles se apoderaban de vastas extensiones de territorio y lo administraban. Los cronistas han detallado estos procedimientos, muchas veces crueles, donde se les despojaba de sus tierras, se les prohibía hablar quechua.

(*) Escritor y sociólogo. Presidente de IPJ y director de Editorial Río Negro.