En 1990 lo anunció uno de los capitanes de la finanza de Estados Unidos y del mundo, el Sr. John Reed, presidente del City Bank, a la revista brasileña VEJA. (Lyndon Larouche. «El complot para aniquilar a las Fuerzas Armadas y a las Naciones de Iberoamérica». Página 5).

Larouche parece Casandra, estamos viendo cómo están ahora Bolivia y Evo Morales y cómo está el Perú en estos momentos. Espontáneamente salta la curiosidad el orden de la desaparición. ¿Cuál primero, Bolivia o Perú?

El viernes 18, a horas 10 am, pueden votar en el Congreso del Perú la vacancia del Presidente del Perú, a solo meses de las elecciones presidenciales. Los estallidos sociales frustrarían las elecciones y no hay vicepresidentes ni presidentes del Congreso que pudieran suplir legalmente al Presidente derrocado.

Sería un gran acontecimiento mundial porque la catástrofe del coronavirus no mataría sólo seres humanos sino también naciones. A la defunción del Perú probablemente continuarían otras.

Es de esperar que el presidente Vizcarra no cometa el mismo error que Evo Morales, quien en las elecciones que ganó limpiamente confió en la veeduría de la OEA y de otras potencias de Europa y de Norteamérica.

Si el presidente Vizcarra asimila esa experiencia de Evo Morales, deberá sosegar el alzamiento de los congresistas declarándolos en alzamiento que en la legislación peruana es delito de motín. No debe confiar en los veedores ni en el Tribunal Constitucional a donde ha recurrido con demanda competencial.

La presión de la oposición al Presidente viene de las corporaciones patronales, especialmente la Confiep que es el medio más poderoso que representa a las transnacionales, delictuosamente dueñas del Perú. Por ejemplo, Lan Chile es dueña del 97% del espacio aéreo peruano.

Según las encuestas, el presidente Vizcarra está más o menos con 60% y el Congreso no llega al 30%. La Sociedad Nacional de Industrias, gremio de las empresas nacionales, que son entre medianas y pequeñas, que están fuera de la Confiep, tienen la oportunidad de intervenir en la política tal como lo hace la Confiep, que para las próximas elecciones tiene un candidato, Roque Benavides.

En estas circunstancias, la bancada de UPP- Etnocacerismo debe encabezar las demandas del Perú profundo y ser el portavoz de esas demandas en el Congreso y no patinar apoyando al actual presidente golpista del Congreso.