Columnista - Harold Alva

Contra el corso macabro

Harold Alva

Escritor, editor y analista político. Ha publicado una veintena de libros, entre los que destacan Lima: la épica del desastre (2012) y Ciudad desierta (2014). Dirige los Seminarios Abiertos de Formación, Editorial Summa y el Festival Internacional de Poesía Primavera Poética.

20 oct. 2019 02:00 am
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Lo calificaron de “presidente sustituto”, “presidente sin bancada”, “presidente sin partido”, sin embargo, Martín Vizcarra hizo algo tan de sentido común para proteger la democracia: escuchó a la ciudadanía, se puso en los zapatos de la población, atendió el clamor popular. Sus adversarios podrán decir lo que les plazca, lo puntual y cierto es que Martín Vizcarra será recordado porque durante su gestión se dictó prisión preventiva contra Keiko Fujimori, Alan García se suicidó cuando se vio acorralado por la justicia, se dictó orden de captura al ex presidente Alejandro Toledo, se ordenó el arresto domiciliario contra Pedro Pablo Kuczynski, se recluyó a Susana Villarán y se disolvió un congreso aliado y cómplice de la corrupción. A los payasos que desde su expulsión continúan con el sonsonete de que los últimos acontecimientos responden a una agenda pro chavista y comunista, quien suscribe estas palabras no es rojo, ni comunista, ni caviar, menos pro chavista, todo lo contrario, repudio, he repudiado y repudiaré los regímenes de Chávez y Maduro.

Mi apoyo a la disolución constitucional del parlamento, y posterior convocatoria a elección congresal extraordinaria, responde a la indignación contra las asociaciones electoreras cuyos representantes se constituyeron para delinquir desde el poder político; blindaron a Hinostroza Pariachi, blindaron al ex fiscal Chávarri quien pretendió obstruir las investigaciones del caso Lava Jato; blindaron a los investigados Héctor Becerril, Rosa Bartra y Cecilia Chacón, desecharon el informe contra Keiko; se burlaron de la voluntad popular, quisieron echar por la borda el trabajo de Sunedu vía la inefable Arimborgo y pretendieron tomar el Tribunal Constitucional con la elección del primo de Olaechea. Los ciudadanos de a pie, léanlo bien, defenestrados traidores, venimos luchando desde hace dos generaciones por derrotar su corso macabro: eso incluye las páginas de este diario con quien puedo discrepar, pero saludo su respeto a la libertad de expresión. Cultura también es opinar sobre la crisis social y política.

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