Cuando el presidente Castillo leyó su mensaje ante el Congreso, el pasado 28 de julio al inaugurar su mandato, se apreció una importante referencia al sector Producción.

En ella, se incluyó a la pesca para consumo humano y la acuicultura, lo que generó expectativas entre los agentes productivos del rubro; que están acostumbrados a la falta de atención oficial en ocasiones semejantes. Hoy, 87 días después, podemos encontrar algunas contradicciones que valen la pena resaltar.

Es cierto que la pesca y acuicultura se han caracterizado por una falta de intervención estatal que defina lineamientos, objetivos prioritarios, contenidos de las políticas públicas, estándares nacionales de cumplimiento, etc.

Según el medio de comunicación Ojo Público, “…En el inventario de políticas nacionales del Centro Nacional de Planeamiento Estratégico (CEPLAN) —organismo técnico responsable de la formulación y seguimiento de las políticas públicas— no existe alguna política nacional de pesca.”. Esto lo ven y lo sufren los diferentes implicados en la actividad.

Pero dicha secular condición pareciera haaberse agravado recientemente. El 16 de octubre pasado se publicó el Decreto Supremo N° 164-2021-PCM que aprueba la Política General de Gobierno para el periodo 2021- 2026, suscrito por el presidente Pedro Castillo Terrones, y la presidenta del Consejo de Ministros, Mirtha Vásquez. Según el consultor Marcos Kisner, “Estamos en una situación en la cual la pesca no está considerada en los ejes de intervención del gobierno.

El documento señalado, no recoge nada de lo expresado en los lineamientos publicados por Perú Libre en mayo de 2021, ni en el discurso presidencial ante el Congreso”. La norma aprobada debería dar origen al Plan Estratégico Sectorial (PESEM), el que a su vez generaría el Plan Estratégico Institucional (PEI) y el Plan Operativo Institucional (POI), pero se ha obviado una vez más esta milenaria disciplina del mar, ríos y lagos.

¿Qué le espera a una actividad que no existe para la Política General del Gobierno? Se ha repetido hasta el cansancio que en pesca y acuicultura, carentes de lineamientos estables, basta que cambien las autoridades como un ministro, viceministro o director general, para que se intente modificar diametralmente el camino avanzado.

Se han conformado grupos de trabajo para desarrollar una política nacional de pesca, elaborar diagnósticos, identificar objetivos y propuestas, pero no llegan a nada y se evaporan con la volatilidad que imprime una altísima rotación de funcionarios. Parece que la deriva es su divisa.

Si una embarcación se encuentra en el mar, sin gobierno ni rumbo, a merced de las olas, las corrientes o el viento y se mueve sin dirección ni capacidad de fijar su derrota o camino, quiere decir que está a la deriva.

Para enfrentar este peligro se deberán cumplir con los protocolos de supervivencia, procurar que se reparen las averías que produjeron tal condición o gestionar un rescate. Mantener esa anomalía, conducirá, sin duda, a una catástrofe.

Las nuevas autoridades correspondientes deben corregir, de inmediato, tan injustificable omisión que agrede a la pesca y acuicultura, así como a sus protagonistas, especialmente a los pescadores artesanales.

Un sector que puede contribuir a resolver grandes problemas de desempleo, desnutrición, anemia y caída del PBI, necesita un sólido liderazgo en el puente de mando y las herramientas que le permitan navegar hacia puerto seguro. Dejar ese navío en una sempiterna deriva, solo podrá acabar en un ilógico e incomprensible naufragio.

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