Una profunda pena debe causar en todos nosotros la cancelación del programa Presencia cultural que, durante décadas, fue transmitido por el canal del Estado. Seguro, cuando aún era un niño y jugaba con cochecitos y soldados, vi por primera vez ese programa. La calmada voz de Ernesto Hermoza presentaba la sección de galerías ocultas o entrevistaba a alguna escritora, mientras mi madre llenaba el geniograma, por lo menos, así lo recuerdo yo. Cuando ya era un muchachito que intercalaba los juguetes con novelas, la agenda cultural propuesta por el programa era el plan para la semana, y es que era un poco eso, un espacio que difundía la labor de artistas e intelectuales peruanos, en el que se mostraba el aprecio hacia las ideas y un profundo respeto a la labor de los creativos. Durante los noventas, el canal del Estado, además, tuvo la brillante idea de colocar un programa especializado cada noche, así tuvimos uno sobre Literatura, otros en Teatro, Cine, Historia y Música durante los días de semana.

Y en ese momento, el canal del Estado pareció ser el canal de los peruanos y las peruanas, el que apoyaba los productos culturales que los canales comerciales obviaban, aunque sus dueños adornen sus casas y oficinas con las pinturas de los grandes plásticos peruanos. Paradojas del capitalismo. Presencia cultural sobrevivió a todos esos programas, resistió el cambio de políticas y políticos, era un poderoso bastión de la producción intelectual peruana y el único espacio sólido para los que teníamos la curiosidad por lo que se produce dentro de nuestras fronteras, lo que nos interpela y entusiasma. La última etapa de Presencia cultura fue conducida correctamente por el escritor Alonso Rabí, quien ya tiene nuevos proyectos en mano y que, desde ya, celebramos.

Una gran pena, decía, y un enorme gracias a todas las generaciones que siguieron los pasos de Ernesto Hermoza y que realizaron uno de los esfuerzos más épicos en un país con tantos problemas: difundir y discutir cultura.