Escribo sobre Luis Bedoya Reyes con el eco tierno y emotivo de su partida, después de 102 años de vida, camino a encontrarse con su esposa Laura de Vivanco y sus hijos Marisol, Luis y Roxana, que lo antecedieron en el viaje al infinito que todos emprenderemos.

Basadre decía que “el Perú es un país dulce y cruel, de cumbres y abismos, de grandes esperanzas súbitas y de largos silencios, de obras inconclusas, de aclamaciones y dicterios, de exaltaciones desaforadas y rápidos olvidos”, pero también –agregamos– somos un país de escasas demostraciones de generosidad y decencia política.

Lo recordamos ahora, pensando en la lección cívica que desplegó en la Asamblea Constituyente de 1979, donde el Apra obtuvo 37 escaños, el PPC 25 y 28 curules otras organizaciones.

En el programa de televisión Cara a Cara (19/02/2020), el líder pepecista reveló, 41 años después del episodio, que el parlamentario Roberto Ramírez del Villar lo llamó de urgencia para transmitirle que la izquierda estaba dispuesta a votar por él como presidente.

Político cazurro y de ética línea democrática, preguntó al emisario: “¿Por qué crees que la Izquierda, que está dividida en siete pedazos, se ha unificado para ofrecerme la presidencia? ¿Por mí? Hay algo que los unifica en su envidia, en su competencia, en su fuerza, en su venganza. No sé en qué, pero ese no soy yo. Yo no me he enfrentado, Haya sí. Es a Haya a quien quieren ver sometido como un simple diputado de cien, a quien se le concede la palabra [ y que el presidente diga ] un momento espere su turno”.

Luego agrega [Querían usarnos como instrumento] para vengarse de Haya y preguntó: “¿Quién ha ganado con la primera votación: Haya”. “¿Quién no ha ocupado en su vida un puesto público? : Haya”. “¿Quién ha vivido preso, perseguido y humillado? Haya.”

“¿Quién está cerca de la muerte y enfermo?: Haya”.

Y concluye “Somos un país ingrato. Ese hombre ha hecho de su propia historia la mejor expresión de la entrega y de la firmeza en la línea, de conducir un equipo en competencia”. Haya de la Torre fue electo presidente y firmó la Carta Fundamental en su habitación.

Recordaba esa admirable historia en un país que muchas veces registra historietas o deplorables y anecdóticos incidentes, cuando hace dos años lo vi ingresar contrito y sereno a la Casa del Pueblo para rendir homenaje al expresidente Alan García y elevar una plegaria en su memoria. Tenía entonces cien años. Ahora que ha marchado este personaje talentoso, con cuyas opiniones políticas podemos discrepar, sin desconocer sus valores morales y el esfuerzo permanente que desplegó en busca de la unidad y concertación en un país desgarrado y sin horizonte, debemos invocar que la Vía Expresa del Paseo de la República o Zanjón – su obra cumbre como Alcalde de Lima– lleve su nombre y apellidos.