Los periodistas debemos estar lo más cerca posible de los hechos para narrarlos completos y lo más lejos posible de las epopeyas, pues estas hacen que los hechos se acomoden a una causa, legítima o no, que no interesa al quehacer del periodismo. La muerte de dos jóvenes, Jordan Inti Sotelo Camargo y Jack Brian Pintado Sánchez, ocurrida en un enfrentamiento policial durante las violentas marchas contra la presidencia constitucional y transitoria de Manuel Merino de Lama ha sido convertida por las redes sociales, los medios de comunicación y el establishment político dominado por los caviares (los padres de los difuntos estuvieron en la juramentación del presidente constitucional y transitorio Francisco Sagasti que pidió perdón en nombre del Estado por dichas muertes) en una epopeya cívica. El punto culminante de esta es que muchas voces se alzan para catalogar a Brian e Inti como “héroes de la democracia” o “héroes de la generación del Bicentenario”, incluso comparándolos con héroes como Miguel Grau o Francisco Bolognesi, en el entendido de que las epopeyas necesitan en su relato héroes que las afirmen. Era evidente que, por un momento, en esta generación que ha sido llamada “generación del Bicentenario”, el héroe fue Carlos Ezeta, un muchacho de 24 años que le propinó con alevosía un puñete al parlamentario Ricardo Burga. Tal vez la agresión sin causa, era demasiado violenta para convertirla en heroica, aunque los medios de comunicación hicieron lo indecible para que este chico monosilábico quedara en libertad e impune. Los dos muertos, sin embargo, son harina de otro costal, pues como resulta evidente los agredidos hasta perder la vida son ellos. El portal Convoca ha hecho una nota del 16 de noviembre en que da cuenta de una serie de hechos relativos a la muerte de Inti y Brian, mientras que el portal Ojo Público ha producido dos crónicas “Inti y Brian: sueños arrebatados” y “País de duelo: la despedida de un hijo del Bicentenario”, ambos sendos panegíricos de los difuntos. Pero, ¿habrán omitido hechos en su afán de rendirle culto a los muertos? ¿Es decir, han actuado como periodistas o como fabuladores de una epopeya? Para ningún periodista es un secreto que han estado circulando por todas las redacciones los antecedentes policiales y judiciales de Jordan Inti Sotelo Camargo y Jack Brian Pintado Sánchez, ninguno de ellos publicado, pero tampoco desmentido por ningún hombre de prensa que debió haber cruzado por curiosidad periodística dicha información.

Lo cierto es que al parecer nadie quiere mencionarla porque la consideran irrelevante. Y tienen razón. En el Perú la micro comercialización de drogas y el carterismo es pan de todos los días, pero en el sudeste asiático, por ejemplo, es causal de pena de muerte y de amputación de la mano, respectivamente. Así las cosas, para los efectos de sus muertes la biografía judicial y policial de Inti y Brian poco importa si la hubiera. Mas sí importa cuando se trata de construir una narrativa heroica de una generación ocultando todos los hechos a la opinión pública por el temor a que una turba descontrolada agreda a periodistas, boicotee medios de comunicación o le vele la película de una épica creada exprofeso por el interés de un grupo ideológico con agenda propia. ¿Borra la muerte su pasado? No. Son hechos no desmentidos por nadie hasta ahora. ¿Es la labor del periodista contar todos los hechos? Sí, eso se supone que hace un periodista. ¿Justifica su eventual prontuario las muertes de dos jóvenes? No, nunca sin un juicio justo si hubiera pena de muerte para tales delitos, que no la hay (No estamos en Indonesia). ¿Pueden ser héroes de una generación? Eso dependerá de la madurez de esa generación. Por lo pronto, es mi opinión, sus representantes sólo han venido demostrando intolerancia, violencia y monosílabos. Una pena para el Bicentenario.