¿Para esto lucharon tanto nuestros antepasados? ¿Para esto murieron compatriotas nuestros en la gesta de la Independencia de España? ¿Para esto bregaron tanto miles de peruanos durante los dos siglos como República que se apre sta a cumplir nuestra patria? ¿Para ello se sacrificaron tantos peruanos luchando en la Guerra del Pacífico; o esas 35 mil victimas que defendieron al Perú contra la polpotización que pretendiera instalar acá sendero luminoso? ¿Es este espectro de país que ahora se exhibe bajo el nombre de Perú, el que soñaron quienes nos antecedieron en estos 2,400 meses que van corriendo desde que –con tanta ilusión- dejamos atrás la Conquista? ¿De verdad considera usted, amable lector, que valió tanto sacrificio, tanta penuria, tanta muerte, para llegar al tercer milenio del Universo en las desafortunadas condiciones en las que lo está haciendo nuestra nación? ¿Acaso este es el país que tanto ansiaban quienes ofrendaron su vida, salud y patrimonio por colocar al Perú en el sitial que merece? Sin la menor duda la respuesta es ¡No!

Más aún. Resulta insólito que en pleno siglo XXI nos encontremos en este perturbador trance de pobreza cultural, educativa, social, política, económica, empresarial, etc., al que subrepticiamente nos ha conducido una cúpula de mercenarios de la política, cuyo objetivo fue saciar sus apetitos personales embriagándose de poder. Aunque además, robándole vilmente a una expectante sociedad peruana, engañando a su ciudadanía –auténtica propietaria del Estado- que hoy sobrevive en condiciones muchísimo peores a las que exhibiera su país apenas década y media atrás.

Este escenario se da porque una banda de ganapanes logró apropiarse delictivamente de este país, sin haber sido elegidos como autoridades por el Soberano. Nos referimos a esos representantes del Estado -desde presidente de la República, pasando por ministros y demás jerarquía de funcionarios digitados por el jefe de Estado- que conforman un auténtico clan. Más preciso la políticamente correcta elite actual, que persigue los dogmas del marxismo post 1989. Una mafia conocida por el alias “los caviares”. Una camorra de miserables, agriados y envenenados por complejos de inferioridad, que les impulsa a desquitarse de sus miserias humanas y frustraciones personales practicando perversas ansias de poder, para lo cual utilizan sus bien conocidas habilidades tramposas. Gracias a ellas han conseguido constituirse en un poderío omnipotente que controla la Justicia (poder Judicial y Tribunal Constitucional) al igual que a la “gran prensa”. Ambos bastiones le son más que suficientes para manipular tanto al poder Legislativo como al Ejecutivo. Y con ello, al resto del Estado. La mafia caviar ejerce el poder detrás de un grupo de “jueces” y “periodistas” clonados por la escuela marxista del político-correctismo, para ejercer sus funciones apelando a la extorsión, al espionaje y la delación como moneda corriente, profesando todo ello con la superlativa y sádica habilidad del comunismo.