Cuando escuchamos “acoso” lo asociamos al de tipo sexual por los casos que se presentan en las relaciones laborales y de su tipificación como delito; lo cual, por cierto, no ha impedido que hasta ahora escuchemos: “¿cuál de todos sus maridos?”, “ella se me insinuó”, “¿cómo se le ocurre vestirse así?” o “te hace falta dormir con un hombre”; todas igual de graves, siendo la más reprochable aquella por la que se maquilla al acoso sexual bajo el título de “conducta inapropiada”.
Pero ¿qué hay de aquel maltrato destinado a humillar a una persona para que renuncie?, ¿acaso dicha conducta no es la manifestación de una presión laboral tendenciosa o psicoterror laboral?
¿Cuántas veces los jefes han hecho seguimiento a los trabajadores que les son incómodos violentando su intimidad?, ¿cuántas veces hemos escuchado decir “sabe mucho, pero no puede ser ascendido porque no tiene presencia o tiene tal defecto físico”?, ¿cuántas veces se ha descalificado a un trabajador imputándole hechos falsos?
Todo vale con tal de deshacerse del trabajador incómodo y mucho mejor si la persecución continúa cuando el (ex) trabajador ya está fuera de la empresa.
Parece de Ripley, pero eso es parte de la cruda realidad laboral en algunas empresas. Indudablemente, los acosadores deben tener un problema de personalidad que ha llevado a que la doctrina los describa como perversos, psicóticos, narcisistas, inescrupulosos, psicópatas organizacionales, compulsivos, mediocre inoperante activo, etc.
Pero, ¿por qué se presentan estas situaciones de acoso laboral en nuestro país? Porque su regulación es muy incipiente, pues no existe una ley que regule de manera especial el acoso laboral.
¿Cómo combatir el acoso? El Compliance tiene como postulado que, para que se implante en una empresa una “cultura empresarial” (distinta a la “cultura de la mafia” que describe Mario Puzo en sus obras), es necesario que exista liderazgo y compromiso por parte de la Alta Dirección en el cumplimiento de las normas y políticas, pues solo con el buen ejemplo por parte de éstos es que los gerentes y los empleados aplicarán esta cultura de cumplimiento en sus actividades diarias.
La implementación de una cultura empresarial implica que exista un liderazgo que traerá consecuencias positivas, entre ellas, la de humanizar a la empresa, lo cual es muy necesario para la implementación eficaz de un protocolo contra el acoso laboral.

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