Actualmente, no existe escenario social en el que no se cuestione, ante el complejo contexto político, el por qué nuestras Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú se muestran distantes, desconfiadas, profundamente disgustadas, en inacción. ¡NO ES PARA MENOS!
No es acaso que, en vez de agradecérseles y brindárseles el reconocimiento que se merecían, por defender nuestro territorio ante el enemigo extranjero, por derrotar a Sendero Luminoso y el MRTA, se les mal pagó con enjuiciamientos, condenas, con persecución judicial y mediática inmisericorde. Entonces, ante un escenario político que amenaza nuestra endeble democracia ¿esperábamos que nuevamente se inmolaran o siquiera se arriesgaran por los que hundieron la daga de la traición por sus espaldas? ¡CLARO QUE NO!
Para curar las heridas es necesario exponer los descargos que correspondan, pero, sobre todo, asumir las responsabilidades, como sociedad, por nuestra inacción ante tamaña bajeza contra los que, día a día, arriesgaron y brindaron silenciosamente estoicos sus vidas por nosotros.
Hablemos claro. No fue Juan Pueblo, el ciudadano de a pie, quien traicionó silente dándole la espalda a nuestras Fuerzas Armadas y Policía Nacional del Perú. Fueron los políticos corruptos oportunistas de turno que, poco a poco, cómplices permitieron que la izquierda, el comunismo, el senderismo, penetrara el tejido social, ganando espacios a costa de nuestros defensores, desprestigiando y cuestionando a nuestros combatientes en la Guerra del Cenepa, persiguiendo judicialmente y condenando socialmente, vilmente a nuestros Chavín de Huántar, a los oficiales y subalternos de las Fuerzas Armadas y la PNP que lucharon contra los terroristas, el crimen organizado y las mafias.
Quijotes ¿qué hizo cada uno de nosotros ante tamaña injusticia? ¿Salimos a las calles a protestar por ellos? ¿Los ayudamos de alguna manera o indolentes los abandonamos cobardemente?
Ahora, en estos momentos aciagos, no veo otra cosa que se les esté cuestionando y condenando por no hacer algo, por no hablar y pisar fuerte para librarnos de la inminente amenaza comunista que pareciera quererse instalar en nuestro amado Perú.
Hermanos peruanos, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú siempre nos defenderán, nunca nos traicionarán. Sin embargo, en esta complicada situación social política económica en la que nosotros mismos nos pusimos, debemos ahora ser nosotros los héroes sociales democráticos. Debemos salir a protestar a las calles ante las evidentes burdas acciones antidemocráticas, que a toda costa no debemos permitir se instauren.
Quijotes, el siguiente paso a dar, como país, es consolidar al Perú como una gran Nación. Debemos forjar la unión entre ciudadanía, empresariado, medios de comunicación, fuerzas políticas democráticas, iglesia, academia, sociedad civil organizada, abrazando y confiando en nuestras Fuerzas Armadas y la Policía Nacional del Perú.
Entonces, cuál es la receta contra el comunismo: ¡LA UNIÓN DE TODOS LOS PERUANOS DEMOCRÁTICOS!
Profesor Castillo, corrija el rumbo de su ya cuestionado gobierno. El comunismo en el Perú no se instalará.
¡VIVA EL PERÚ, CARAJO!

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