Hernando de Soto no solo mueve el esqueleto desordenadamente al ritmo del ‘twist’, sino que también parece gustarle harto, al igual que al vacado expresidente Martín Vizcarra, el ‘swing’. Vizcarra oía los consejos del estrafalario Richard ‘Swing’ Cisneros; mientras De Soto hace lo propio con el churrigueresco Andrés ‘Chibolín’ Hurtado.

El economista ha sostenido que su asesor principal es un “gran cineasta” y que le ha enseñado cómo comunicarse con los peruanos más humildes. En tan buenas migas está este par que el candidato presidencial de Avanza País no ha tenido la decencia de defender a su mejor aspirante al Congreso, la abogada Adriana Tudela, de las injurias cobardes del amigo de los extraterrestres. Integrantes de distintas tiendas políticas, que han polemizado con Tudela, la han respaldado sin reparos, pero De Soto justifica lo sucedido (‘Chibolín’ acusó a la joven de haber “maltratado psicológicamente” a los peruanos por no querer tomarse fotos con dos personas, pero, en realidad, fue con él con quien no se quiso fotografiar) diciendo que siempre hay conflictos en las agrupaciones.

Si de esta calaña son los asesores de Hernando de Soto, no debería, pues, llamarnos la atención la inconsistencia de sus respuestas en sendas entrevistas brindadas el último fin de semana. A Jaime Bayly le dijo, por ejemplo, que el Estado no inocularía gratuitamente a las personas, sino que se encargaría de ello la economía social de mercado, a través de la competencia entre empresas privadas que adquirirían eventualmente los sueros anticovid.

Esto no sucede en ninguna parte del mundo. En Estados Unidos, en donde De Soto se inoculó furtivamente, es el Gobierno de Joe Biden el que entrega los antídotos a las cadenas farmacéuticas o supermercados para que inmunicen a la gente. Nadie paga un dólar. La propuesta de De Soto es inviable. El Estado peruano debe vacunar a los más vulnerables y, a la par, los privados tendrían -cuando sea posible porque aún los laboratorios no lo permiten- que poder adquirir los inoculantes y venderlos a quienes tengan para pagarlos. Se trata de aumentar la oferta por todos lados y no de anular a agentes económicos.

Volviendo al ‘Rasputín’ de Hernando de Soto y teniendo en cuenta de que este conduce un programa de televisión clientelista, cabría preguntarnos cuáles son sus honorarios. No vaya a ser que, de llegar De Soto a Palacio de Gobierno, nos enteremos de que Andrés Hurtado se hizo de jugosos contratos con algún ministerio. Ya la historia la conocemos más que bien…
Otrosí: todas las encuestas juegan con el margen de error (¡hay para todos los gustos!). No crean en ninguna a ciegas y voten por quien les dé la gana.