Héroes e integrados

Héroes e integrados

La idea del héroe se lee bien en Campbell, el héroe lucha por una causa más grande que él. Hasta la muerte, porque mejor es morir por un ideal que por una cáscara de plátano. “Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia” decía Fitzgerald. No hay héroe a medias y menos héroe cobarde. El héroe nace de una crisis y de un peligro que los valerosos confrontan. Brecht señalaba que una nación debía estar en desgracia para necesitar un héroe.

La temeridad se torna en heroísmo cuando hay moral y victoria. La reflexión de Laurence Sterne sería válida en las grandes causas, el héroe puede fracasar en una batalla y hasta morir en el intento, pero será un fin glorioso. Bolognesi no perdió, ganó el laurel del honor porque se dio a la muerte a sabiendas de la superioridad militar del enemigo. El héroe se reserva y duda primero. Como el aqueo Aquiles, es ganado luego por la furia y enrumba a guerrear.

El integrado carece de ideales, de pasiones. Lo gana su propio interés aún en menoscabo de sus creencias comunes, porque el integrado tiene creencias, no ideales.

Pertenece al ligero mundo de los tibios torturados de Dante o al mundillo sin medallas del hombre mediocre, tan bien retratado por Ingenieros. “Jamás fueron tibios los genios, los santos y los héroes”, dice con razón. Los integrados no alcanzan la agudeza del genio, la herida siempre abierta del santo ni la inmolación del héroe. El integrado se acomoda, huye del dolor, se aconchaba (arrimarse para protegerse).

El integrado tiene cálculo y los calculadores traicionan. Los héroes se dan al martirio sin doblar la cerviz. Qué fue el apostolado de quienes siguieron a Cristo sino el coliseo, la cruz y la cabeza rodada. Los integrados pueden ser pueblos o individuos. En la lógica de Ingenieros, en el primer caso son el rebaño que se deja llevar; en el segundo, son esclavos satisfechos. Someterse y hasta obtener beneficios de una tragedia colectiva es de mercachifles y nada peor cuando los mercaderes se tornan en tribunos.

Integrados son los topos, los serviles, los que sobajean a rastrojos de su dignidad. Los héroes no aspiran al placer sino a la consecución de su deber. Carlyle escribió sobre héroes y traza la trascendente biografía en una idea: “una vida bien escrita es tan extraña como una vida bien vivida”. Lo primero entraña grandeza.

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