Los verdaderos héroes del Perú son 516 policías – entre ellos, el general Julio Mercado, director de Sanidad Policial – y 400 trabajadores del sector salud que fallecieron de covid-19; cifras que son mayores porque la data del Minsa corresponde a septiembre, donde incluyeron 75 galenos, porcentaje que se ha elevado a 255 profesionales muertos, de acuerdo al Colegio Médico del Perú.

De otro lado, según registro de la PNP, 32 mil efectivos resultaron contagiados. Así ocurrió con su comandante general, Orlando Velasco Mujica, hospitalizado 70 días (40 con incubación traqueal), debatiéndose entre la vida y la muerte.

Al salir del dramático trance, el general Velasco acudió a Palacio para saludar al nuevo presidente interino Francisco Sagasti y al ministro del Interior Rubén Vargas, quienes después agradecieron su acción cívica pasándolo al retiro ilegal y vejatoriamente con otros 16 generales, cesados bajo la agraviante imputación de estar involucrados en compras corruptas o por autorizar el uso de municiones prohibidas contra los manifestantes, sin aportar ninguna prueba para hacer esos graves cargos.

Pero también debemos recordar que en las marchas de Lima los efectivos policiales recibieron insultos, pedradas, escupitajos, palos, ataques con pintura, bombardas y avellanas pirotécnicas por impedir que exaltados ingresen al área restringida de la ciudad, especialmente al Congreso de la República.

En ese contexto, los excesos atribuidos a las fuerzas del orden deben corroborarse con pruebas, nombres y cargos, porque no puede generalizarse; y los responsables de la muerte de dos jóvenes debe investigarse en la fiscalía, porque hasta hoy desconocemos los autores de esos hechos.

Lo evidente, sin embargo, fue que algunos medios de prensa criminalizaron la acción policial y sacralizaron a los manifestantes. No faltaron personajes que estimularon las movilizaciones, como el doctor Elmer Huerta, quien afirmó irresponsablemente que las marchas no contagiaban, a contracorriente de sus propias opiniones y de la Organización Mundial de la Salud; y, por supuesto, las aglomeraciones sí produjeron contagios y muertes, de acuerdo al presidente de la Sociedad Peruana de Medicina Intensiva, Dr. Jesús Valverde.

Estimulados por los homenajes del nuevo régimen, turbas delincuenciales tomaron carreteras en el norte, centro y sur, muriendo otro joven y atacando a la Policía. Hace dos días repitieron el vandalismo en Ica y Virú, hiriendo a 42 efectivos, quemando una ambulancia, ingresando a los fundos y bloqueando vías de comunicación.

Son, sin duda, coletazos de calificar “héroes” a los movilizados de Lima que, entre otras “hazañas”, se desplazaron a los domicilios del entonces mandatario Manuel Merino y de su premier Ántero Flores-Aráoz para insultarlos cobardemente y aterrorizar a sus familias, como también llegaron al departamento del periodista Beto Ortiz con similar propósito, quien, en ejemplar respuesta, los ha enjuiciado.

Pregunta: ¿los ministerios de Cultura y Relaciones Exteriores que impulsaron una exposición fotográfica en el Lugar de la Memoria para homenajear a los manifestantes de Lima -con intromisivo auspicio de la embajada de España- harán alguna ceremonia similar para policías y personal de salud que murieron por covid-19 y militares que, como el infante de Marina Gustavo Valladares, fueron abatidos en el Vraem por bandas de terroristas?

¿O esos ilustres compatriotas no merecen ser recordados?