No pueden considerarse como simples declaraciones irresponsables o demagógicas las extrañas versiones brindadas por el presidente Vizcarra para “explicar” los bochornosos audios grabados con sus secretarias en Palacio de Gobierno o las denuncias de ilícitos que habría cometido como gobernador de Moquegua y ministro de Transportes en el gobierno del presidente Kuczynski.
Vizcarra ha resultado, sin duda, un personaje sorprendente, cuando no pintoresco.

Por lo pronto, ningún mandatario en la historia ha tenido tan atosigante presencia en medios de comunicación.Todos los días, a cualquier hora y por cualquier tema, declara en televisión, radios y prensa escrita. No da tregua. Es infatigable. Agotador. Su presencia es día y noche, a diario, fines de semana y feriados, en Lima y provincias, en Palacio, instalaciones militares, hospitales o ceremonias. ¿Pensará Vizcarra que así disuelve dudas, genera confianza o distrae al país ante la avalancha de imputaciones que le hacen?

Su principal tema es la pandemia, compra de medicinas, camas UCI, pruebas moleculares y ahora informar de la esperanzadora vacuna anti-Covid-19. En ese frenético contexto, inaugura salas de atención médica, está presente en la entrega de mascarillas, protectores, ambulancias y plantas de oxígeno, no importa si el material ha sido donado por el sector privado ante la incompetencia del Estado en brindar ese servicio, al mismo tiempo que rechaza la existencia de un subregistro de fallecidos y que tengamos el mayor número de muertos en el mundo por millón de habitantes.

Pero igualmente declara sobre economía, brinda consejos a los candidatos a la presidencia y al Congreso, opina sobre las próximas elecciones, se entromete sistemáticamente en el rumbo de los partidos políticos y en funciones del Parlamento, convoca al Consejo de Estado para fotografiarse con representantes del Poder Judicial, Ministerio Público, Contraloría y Defensoría del Pueblo, como también hace con jefes militares y gobernadores regionales; y ahora, esta personalidad multipresente y ultra activa, opina de nuestra selección de fútbol.

Cuando padecemos una catástrofe económica proyectada en -14% del PBI, la mayor del hemisferio, Vizcarra ensaya absurdas explicaciones para que pensemos que las acusaciones de fiscales y de la prensa obedecen a una gran conspiración. Ha dicho, en efecto, que a ese propósito concurren poderosos grupos económicos y Odebrecht, multinacional del delito. Luego vira su declaración para sostener que “cuando hablo de luchar contra la corrupción viene este tipo de titulares. Quieren callarnos”. O, más recientemente, manifiesta que las imputaciones son “una patraña que busca desestabilizar la democracia para tomar el control del Gobierno, para permitir la reelección de los congresistas, postergar las elecciones y asegurar su triunfo electoral. Quieren violentar la voluntad popular. A estos personajes no les interesa el país…solo quieren tomar el Gobierno para garantizar su control hasta el 2026”.( RPP 14/10/2020).

Es decir, en el complot creado en la imaginación del jefe de Estado participarían jueces y fiscales, parlamentarios y periodistas, empresas brasileñas, apristas, fujimoristas y, por supuesto, el omnipresente magistrado Chávarry y el ex contralor Édgard Alarcón.