Hugo Guerra y El Comercio

Hugo Guerra y El Comercio

Canal 4 se desistió de la demanda contra Hugo Guerra, señero periodista y columnista de EXPRESO. Como antecedente, tras la demanda de César Acuña contra un escritor, El Comercio publicaba un editorial en portada y rebasaba su contraportada con firmas de asalariados/accionistas denunciándolo por “atentar contra la Libertad de opinión.” Posteriormente siguió reiterando que “no existe injuria por opinar”. Pero en 2018 Canal 4, mayoritariamente propiedad de El Comercio, demandaba a Guerra, su ex jefe de la página editorial, por opinar que “canal 4 es un poder de cuarta”, cuando el programa Cuarto Poder publicó una calumnia sobre Keiko Fujimori que le hizo perder la elección en 2016.

La incongruencia de El Comercio va en proporción directa a su senilidad y enervación por recuperar aquella fábrica de dinero en la que sus accionistas convirtieron al diario, poniéndolo al servicio de gobernantes infectos como Toledo/Vizcarra/Humala/PPK a cambio de compartir el poder. La pérdida de perspectiva empezó hacia finales de los ochenta, tras comenzar a conquistar poder una cuarta generación familiar rodeada de alcahuetes caviares que coparon la dirección del periódico, y lo convirtieron en lo que jamás fue: una madriguera tramposa para hacer negociados, a costa de asociarse al poder medrando de sus corruptelas. Aquel cambio de posta se consolidaría finalizado el siglo pasado, cuando el fujimontesinismo entra en barrena. Aquella descomposición generacional empezó con un pacto entre la dirección del periódico y la dinastía caviar que impulsaría la comisión de la verdad. ¿La presea? Canal 4. ¿El método usado? Una descomunal campaña de desprestigio contra Toledo, acusándole de robar fondos donados por Soros para financiar la marcha de los “cuatro suyos”; de permitir que sus hermanos se apropien de tierras eriazas; de alentar las compras de votos durante el proceso electoral; ¡y por quítame estas pajas! Con Toledo ya boqueando, aparece una portada conminándolo a “dar un paso al costado.” El de Cabana izó bandera blanca y, vía su comodín Almeida –entonces presidente de Indecopi, donde habían acabado los Crousillat de canal 4 tras la arremetida de El Comercio para que Toledo les retire los derechos de transmisión por ser fujimoristas-, Toledo citaba al director del periódico. Fumaron la pipa de la paz entregándole aquel Canal a precio vil. ¡Al día siguiente, El Comercio doblaba campanas por Toledo! Un escándalo. Los delitos de Toledo eran pecatta minuta ante la mega corrupción cocinada entre Odebrecht y su socio, Graña y Montero, cuyo principalísimo propietario era, a su vez, el mayor tenedor individual de acciones de El Comercio. Hablamos de miles de millones de dólares, comparados con los US$35’000,000 que habría obtenido el toledano.

Con semejante poder mediático, y Toledo extorsionando, El Comercio se convirtió en el todoterreno que ponía y sacaba presidentes, ministros, jueces y fiscales. Tenía pues al Estado a sus pies. ¡Hacía y deshacía! Los empresarios se arrodillaban y publicaban páginas de páginas de avisos en señal de alabanza; y a la vez, cuidando sus espaldas ante semejante poder extorsionador. Hoy queda la sombra de aquellos días de gloria del llamado diario decano.

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