Hugo Guerra

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ESPOLÓN DE PROA

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Clara advertencia a los golpistas

Una semana después de abortado el intento golpista es hora de avizorar los términos en los que se dará el final de este pésimo gobierno.

El Congreso está cumpliendo con abocarse a la revisión de los proyectos de reforma política presentados por el Ejecutivo, pero en definitiva no tiene compromiso con una fecha límite ni con respetar literalmente las propuestas remitidas. Así se ha cumplido con la definición más elemental de la política: el arte de lo posible. El Gobierno salió derrotado, ya no puede amenazar con el cierre del Parlamento y se frenó el intento de convocatoria a una asamblea constituyente marxista.

Entre tanto se han evidenciado los verdaderos perfiles e intereses del golpismo: Vizcarra queda como un improvisado, negado como estadista, agitador manipulado por una camarilla izquierdista de ONG y personalidades con agenda propia como la del globalismo patrocinado por el dinero y los fines torvos de Soros.

Del Solar pasará a la historia como un caviar argollero, con graves deficiencias formativas en el Derecho Constitucional y primer ministro  ridículo, incapaz de definir siquiera por qué está en la política.

Vicente Zeballos pasa al registro ignominioso como un ministro de Justicia ignorante de la constitucionalidad, motivado por la ideología retrógrada del velasquismo y como atorrante en sus conductas de matón de barrio.

Detrás ha emergido una maraña de intereses vinculados con demasiadas denuncias de corrupción que involucran al club de la construcción, el pasado del jefe del Estado y la trayectoria sospechosa de numerosos empresarios antes considerados de élite y varios exministros intocables hasta hoy como Fernando Zavala y Giuffra, entre otros.

A manera de colofón hay evidencias de un desbande acelerado del régimen: la administración pública está paralizada; el país anda a punto de perder el piloto automático; la burocracia teme por su vida y comienza el apuñalamiento de aquellos periodistas mermeleros quienes, igual a las carroñeras, advierten que Vizcarra pronto será un cadáver político.

En estas circunstancias, al moqueguano solo le queda apechugar y empezar a preparar su defensa legal para toda la próxima década. La indignación ciudadana ya no le permite más demagogia y solo le dará oxígeno en la medida en que por lo menos administre con elemental prudencia el día a día. El mensaje es clarísimo: si se vuelve a adentrar en otra aventura autoritaria, el final de este pobre gobierno será más dramático de lo que podamos prever.





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