Hugo Guerra

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ESPOLÓN DE PROA

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Cuando no hay autoridad moral

Desde hace meses hemos venido advirtiendo que la popularidad del presidente Vizcarra seguirá cayendo hasta desplomarse estrepitosamente.

La encuesta del IEP publicada ayer precisamente demuestra que en apenas dos meses el moqueguano ha pasado de una aprobación nacional de 60 % a solo 44 %, perdiendo fortaleza en el sur, el oriente, Lima y el norte de la república. Esta tendencia se acelerará y, salvo medidas dramáticas, a este gobernante accidental le ocurrirá lo mismo que a Toledo y Humala: gobernará sus dos últimos años en medio de tensiones sociales cada vez más difíciles de controlar.

La responsabilidad por este desplome es del propio Vizcarra. Ya bastante hemos publicado sobre su pésima gestión en el primer año; pero ahora, además, el karma de su vida anterior como empresario y político cuestionado en el nivel regional le está pasando la factura.

El 2008, cuando ocurrió el “Moqueguazo”, Martín Vizcarra era una suerte de tirapiedras. Como presidente de los colegios profesionales de la región se enfrentó a Southern exigiendo absurdos e ilegales cobros adicionales por el cobre extraído. Hoy en Las Bambas se desarrolla un conflicto promovido desde el Gobierno por no haber solucionado la condición jurídica de la vía de transporte del mineral extraído por la minera china y no haber intervenido el primer día de las protestas, esperando a que se produjeran hechos violentos.

Hace una década Vizcarra se juntó con los extremistas; ahora los infiltrados antimineros, los honderos vinculados al antaurismo y los peones del Hezbolá son quienes atizan el fuego. De modo que el Presidente –quien nuevamente ha invadido las funciones fiscales para liberar a dirigentes– no puede quejarse por lo que hacen sus viejos aliados.

Al final el problema, costosísimo económica y políticamente, quizá se solucione tarde y mal, como de costumbre. Pero el pueblo y los ultras ya han probado su estrategia: a este gobierno mediocre lo pueden jaquear desde la calle y con medidas de fuerza, porque el Ejecutivo es incapaz y sobre todo no tiene autoridad moral para imponer medidas racionales de control de crisis.

Lo mismo pasará con el nuevo Gabinete: solo por una estrategia de dudosa calidad Fuerza Popular le dará el voto de investidura a Del Solar y compañía. Pero de aquí al 2021 viviremos con un régimen débil, plagado de corruptos, sin capacidad de gestión pública y extorsionado por el extremismo. Por desgracia, al día de hoy no hay motivos de esperanza y menos de optimismo.





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