Hugo Guerra

Hugo Guerra

ESPOLÓN DE PROA

Acerca de Hugo Guerra:





Del honor y las hienas

Conocí al presidente García en la Constituyente de 1978, él era un político fogueado, yo un reportero.

Critiqué con dureza su primer gobierno, pero él –separando lo personal de lo político– tuvo un gesto cordial: me envió, como a otros amigos en común, un habano para celebrar el nacimiento de su hija Gabriela. Sin rencores, nos reencontramos en Palacio cuando Alejandro Miró Quesada Garland fue elegido presidente de la SIP.

Eventualmente intercambiamos notas solidarias en plena lucha contra el montesinismo y lo saludé a su regreso triunfante del exilio. Era otro, más maduro; resultaba imposible no valorar su nueva visión del Perú.

El 2004 se produjo un hito que selló la amistad y mi admiración por él: con su anuencia y la de Alejo Miró Quesada Cisneros, junto con Lucho Gonzales Posada, pasamos semanas organizando una reunión clave para el futuro del Apra y El Comercio. Entendimos que las dos instituciones republicanas debían superar décadas de enfrentamientos violentos. Sin perder independencia editorial y política, respectivamente, el odio debía cesar.

Finalmente hicimos una ficción: despojándome de mi condición de subdirector invité a mis amigos personales del Decano y del partido a un almuerzo memorable. No puedo aún revelar los detalles, pero aquella tarde, ante la cúpula partidaria y los mandos editoriales, Alan con humildad y grandeza pidió perdón por los excesos del Apra y Alejo correspondió con la bondad que lo caracteriza.

Ese día terminó el rencor. Se informó y criticó con objetividad y racionalidad. Las páginas editoriales se abrieron a la pluma del presidente en su segundo mandato; lo cual, no tengo duda, benefició al país, fortaleció a la nación y ennobleció a un periodismo con autoridad moral.

Conocí más al presidente García cuando fui profesor en el Instituto de Gobierno de la San Martín. Me honró con encargos diplomáticos  reservados en Colombia y Chile y pasamos horas de conversación cordial siempre en torno al tópico único de cómo forjar un mejor futuro para el Perú.

La partida del amigo me duele profundamente. Su acto heroico en respuesta a la persecución política es un ejemplo digno de ser enseñado a las nuevas generaciones: el suicidio sí es una alternativa de honor. Pero siento desazón y asco al ver cómo su compromiso democrático con la prensa no es correspondido. Muchos medios que tanto le deben como persona y político ahora se portan como hienas alentadas por un vil puñado de monedas.





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