Hugo Guerra

Hugo Guerra

ESPOLÓN DE PROA

Acerca de Hugo Guerra:



La ausencia del tirano

Espolón de proa

Octubre de 2010: llegamos a La Habana en tour a Vara­dero. En migraciones mi esposa pasó en tres segundos, a mí me retuvieron 20 minutos en un interrogatorio rudo. Sa­bían mi historia de anticomunismo militante.

Por fin fui admitido. El bus turístico ya había partido pero un tipo regordete se acercó y muy amable nos dijo que para no­sotros estaba listo un auto especial, nuevo y con el mayor lujo imaginable: aire acondicionado. Así, extrañamente privilegia­dos, emprendimos camino.

Al principio, un poco temerosos, fuimos escuchando del cho­fer todas las maravillas de la revolución. Pero, una hora des­pués el buen hombre empezó a quebrarse. Terminó dando vuelta a la historia: era físico nuclear, ahora empleado como chofer para una agencia del Estado. Su mayor dolor no era la humillación de no poder ejercer su profesión, sino que su hijo amado –al igual que millares de otros jóvenes–, jineteaba día y de la noche en el hermoso malecón habanero buscándose algunos pesos. “¿Para qué quieres que estudie en la univer­sidad, papá? –le había dicho–. ¿Para terminar igual que tú de lamesuelas del régimen para sobrevivir?”.

“Lo que me irrita –nos añadió el chofer–, es que estamos doblemente atrapados, entre el mar que rodea a la isla y la tiranía. Deberíamos tener la posibilidad de ser pobres o de ser ricos, pero por nuestro esfuerzo, porque nos da la gana, pero no nos dejan”.

Llegamos al hotel cinco estrellas. Corrieron las copas del champagne de bienvenida. Pedí una para mi amigo el chofer. El tipejo de la recepción fue rotundo: “Aquí no entran cuba­nos”. Se olvidó que él también lo era. Días después dejamos la playa y comprobamos la belleza de las ruinas de La Haba­na, una ciudad de muertos vivientes. Al salir de Cuba, nueva­mente me retuvieron. Con sorna describieron cada paso que habíamos dado en la isla.

Por el asesinato a la libertad de un pueblo maravilloso y mi des­precio al comunismo, coincido con la mejor reacción frente a la muerte de Fidel, la de Donald Trump: “Hoy, el mundo marca el fallecimiento de un brutal dictador que oprimió a su propio pue­blo por cerca de seis décadas. El legado es uno de escuadrones de fusilamiento, robo, sufrimiento inimaginable, pobreza y la ne­gación de los derechos humanos fundamentales. Mientras Cuba siga siendo una isla totalitaria, es mi deseo que este día signifique alejarse de los horrores que han durado demasiado”.



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