Hugo Guerra

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ESPOLÓN DE PROA

Acerca de Hugo Guerra:





La lucha final

Esta semana es definitiva: o derrotamos el intento golpista de Vizcarra, o el Perú vuelve al oscurantismo velasquista.

El moqueguano extorsiona al Congreso tratando de imponer reformas políticas elaboradas por un conjunto de “notables” que ilegalmente él mismo preside; impone plazos y condiciones que ningún Parlamento soberano puede aceptar; amenaza con el cierre del Legislativo so pretexto de una improcedente cuestión de confianza; baraja convocar a una Asamblea Constituyente cuya finalidad sería modificar el régimen económico liberal estatuido en 1993 para devolvernos al velasquismo socialistoide; y, burlándose de todos, dice que se somete a la investigación fiscal por ilícitos cometidos durante su presidencia regional en Moquegua, a sabiendas que es imposible renunciar por sí y ante sí a la inmunidad presidencial.

Entre tanto, la ineptocracia criminal de su gobierno se expresa en la incapacidad de ejecutar el presupuesto anual en todos los sectores, la pérdida de competitividad económica, la disminución radical del crecimiento del PBI, el aumento dramático de desempleo, la desatención de los sectores salud, educación y seguridad interna y la desatención de emergencias como la reconstrucción del norte desde el 2017.

El discurso autoritario es reforzado por felones como un primer ministro prepotente que ni siquiera sabe cómo llegó a la política, un ministro de Justicia que no tiene la más peregrina idea del derecho constitucional y un presidente del Congreso traidor a su partido de origen. Además está la amenaza de la policía política, el reglaje a congresistas y líderes opositores y la criminalización de los partidos a manos de fiscales que practican la insubordinación y el prevaricato cotidianos.

IDL y Transparencia, las ONG vinculadas al globalismo de Soros tienen al Presidente políticamente secuestrado y han relanzado su campaña de demolición contra el único que podría aportar las pruebas definitivas de la corrupción delicuencial de Vizcarra, el fiscal Chávarry. Mientras tanto, el Club de la Construcción parece a punto de sufrir un colapso por la decisión de Graña y Montero de declararse colaborador eficaz; y la prensa mermelera empieza a dividirse entre quienes quieren inmolarse con el golpismo y quienes, como las ratas, advierten que el barco vizcarrista puede hundirse.

Frente a esto no caben medias tintas: desde el lado constitucional estamos obligados a contestar con fuerza legal y frenar por todos los medios posibles la caída en el abismo que la izquierda ha cavado para la desgracia final del Perú. Esta no es hora de cobardías.





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