El 8 de octubre todos los hogares, oficinas y locales públicos y privados del Perú debemos, sin excepción alguna, izar la bandera de nuestra Patria en homenaje al Gran Almirante Miguel Grau y a los héroes del Huáscar.

Y todos, sin excepción alguna, debemos guardar un minuto de silencio a las 9.50 am en punto, hora en que entregó su vida al Supremo Hacedor el Gran Almirante, en el fragor de la batalla.

Es una inexplicable vergüenza que, tras los gravísimos errores cometidos y en medio del escándalo de los audios, al gobierno se le ocurra cancelar como feriado nada menos que el 8 de octubre, fecha en que todos los peruanos de corazón y ejercicio vital conmemoramos la heroica inmolación del Gran Almirante Miguel Grau y de quienes, en esa desigual batalla, pusieron el pecho por el Perú para salvar nuestra dignidad como Nación.

Creo firmemente, a partir de las enseñanzas familiares, que es nuestra obligación honrar a nuestros antepasados y, por cierto, a quienes como Grau y los héroes del Huáscar constituyen un ejemplo permanente para las nuevas generaciones.

Y es deber de quienes gobiernan nuestro país mantener viva la llama de esas acciones históricas que encarnan al Perú que no vamos a perder en manos de los aventureros que han ejercido el Poder en los últimos 35 años y que ni sienten ni practican a la Patria tal como lo concibió el propio Grau y por la cual entregó su vida.

Hay una larga diferencia entre valor y temeridad. La valentía de Grau jamás lo hizo incurrir en temeridad. Durante largos meses jaqueó en solitario -luego de la caída de la Independencia- a la poderosa escuadra chilena sentando, simultáneamente, las razones por las cuales se le conoce como el “Caballero de los Mares” a grado tal que en el despacho de la Reina Isabel de Inglaterra cuelgan los retratos de sòlo dos grandes almirantes: Lord Nelson y Miguel Grau.

En un comentario de esa época, el Herald de Nueva York señala que para el Huáscar “ninguna empresa era demasiado grande ni demasiado pequeña”. Ciertamente, la inteligencia y el valor inigualables de Grau y su tripulación los colocan como un hito en la historia de las guerras navales y constituyen motivo de orgullo para quienes amamos a la Patria por sobre todas las cosas.

Y así siempre será.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz