El presidente Donald Trump dijo “Nuestra nación es testigo de una despiadada campaña para aniquilar nuestra historia, difamar a nuestros héroes, borrar nuestros valores y adoctrinar a nuestros niños”. Fue en su mensaje por el día de la Independencia de los Estados Unidos. Eso no es exclusivo de su país, por acá los comunistas -dizque progresistas- hacen lo propio infiltrados en el arte, la educación y los medios de comunicación, con ayuda de una élite que sigue la receta globalizadora e impone la intolerancia del pensamiento único encarnado en el asfixiante correctismo político. Nuestros héroes que terminaron con el terrorismo de Sendero Luminoso y del MRTA son acusados de asesinos. Al presidente Alberto Fujimori que pacificó al país, lo rescató de la bancarrota y lo encaminó por la senda del crecimiento y del libre mercado le tienen encerrado sin que se haya probado ninguno de los cargos que se le imputan. Alan García, quien en su segundo gobierno impulsó la economía al punto de bajar en varios puntos la pobreza, fue empujado al suicidio por una persecución y difamaciones asquerosamente perversas.

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación reescribió nuestra historia a imagen y semejanza de los comunistas. La juventud está envenenada por la ideología del odio y el fracaso que les inoculan en las politizadas universidades, esos grandes templos donde se fomenta la ignorancia de la verdadera historia y de nuestros héroes. Ahora resulta que el trotskista Hugo Blanco (siempre disfrazado) asesino de policías, es más o menos Miguel Grau. A los niños se les confunde con asuntos de “género” y se les erotiza desde temprana edad. A los jóvenes se les avergüenza por su masculinidad y a las chicas se les hace creer que un cumplido es una agresión del heteropatriarcado opresor.

Trump mencionó en su discurso que “Turbas coléricas están intentando derribar las estatuas de nuestros fundadores, desfigurar nuestros más sagrados memoriales y desatar una ola de crímenes violentos en nuestras ciudades”, cosa que los medios norteamericanos amplifican.

La democracia estadounidense enfrenta a una roja gavilla invasora de todo ámbito social, como aquí. Estas aberraciones son de manual.