El gobierno –y en este caso, el ministerio de Salud Pública– es un barco a la deriva. El Perú está catalogado mundialmente como el país que peor ha gestionado la crisis del Covid-19. Récord no sólo infamante sino indignante. Porque fuera de colocarnos al ras del quinto mundo, revela la irresponsabilidad e imprudencia de este régimen farsante, que es culpable de la muerte innecesaria de decenas de miles de peruanos debido a su arrogancia, mendacidad, temeridad e incapacidad al conducir la batalla contra esta pandemia. Desde no haber adquirido plantas para producir –y balones para abastecer a los centros hospitalarios– oxigeno, elemento esencial para salvar la vida de quienes han adquirido la enfermedad en estadio de gravedad; pasando por no haber comprado camas UCI; tampoco haber contratado la adquisición de kits de hospitales y postas de emergencia; haber insistido en comprar millones de pruebas serológicas inservibles y por tanto causantes en gran medida de la muerte de muchísimos compatriotas, etc. El récord de temeridades del gobierno Vizcarra es verdaderamente impresentable. Con el agravante que, hasta el mes de mayo –en pleno apogeo de la epidemia– el país aún contaba con vastos recursos económicos para enfrentar cualquier compra urgente de bienes de capital y medicamentos, para conformar la estructura de contención a esta desoladora plaga. De manera que cualquier excusa presupuestal deviene en necedad.

El mismo hecho que, en plena crisis Covid-19, el aún presidente Vizcarra haya tenido a tres diferentes ministros de Salud revela el extremo de la insensatez con que éste ha conducido la gestión gubernamental frente a la pandemia.
Ayer, sin embargo, el país escuchó absorto a Pilar Mazzetti, ministra de Salud Pública, anunciando que desde hoy los pacientes infectados con Covid-19 internados en todos los hospitales del Estado “ya no serán tratados más con hidroxicloroquina, ivermectina ni azitromicina (…) El uso de esas tres medicinas –o sus combinaciones– en base a evidencias actuales no tiene un efecto beneficioso; es decir, no nos ayuda a mejorar a los pacientes. Tienen el mismo efecto que un placebo. Por lo tanto, no se recomienda su uso”. Yendo por partes, la ministro Mazzetti es una suerte de ícono de la progresía. Recorre nuestro sector Salud desde tiempo atrás. Jefe de ese sector en el régimen Toledo. Y tras un no bien recordado paso como ministro de Interior de García, regresó a Salud. Primero como directora del

“Comando de Operaciones Covid-19” instituido durante el primer trimestre de este año por el régimen Vizcarra. Y ya en julio, al asumir el cargo de ministro. No obstante, ni como directora del susodicho comando operativo –donde actuaría de chicheñó del letal exministro Zamora– ni tampoco como ministra, Mazzetti ha dado fuego.

Siendo médica de profesión, resulta inadmisible que transcurridos siete meses desde que empezó esta pandemia recién ayer Mazzetti se percatase de que tales medicinas son “inservibles” para tratar el Covid-19. Por ejemplo, ¿por qué no se abocó a investigar que utilizaban otras naciones? Al final del día, ¡este gobierno es culpable del fallecimiento de millares de peruanos medicados equivocadamente!