Hace unos días fui invitado por la prestigiosa Universidad de Miami para grabar, para su archivo histórico -en imagen y voz- los pormenores de cómo se manejó la migración más importante de Latinoamérica hacia los Estados Unidos de América.  Fue una ampliación de  mi libro Diplomacia para la Libertad, editado por el Congreso de la República del Perú hace cuatro años, en la que narro mi actuación desde mi posición de jefe de la Misión Diplomática en Cuba en 1980.

En estas circunstancias tanto para el Perú, como para la administración demócrata de Carter, era muy claro que la democracia está íntimamente ligada a la libertad, y este mismo libre albedrío relacionado con la posibilidad de migrar. El punto central de mis negociaciones con Fidel Castro fue esto, y dio como exitoso resultado el éxodo de 125 mil cubanos  -la generación del Mariel-  que fueron  acogidos en su mayoría en los EEUU.

La renovada atención sobre el tema migratorio –si bien se maneja con la debida reserva- es uno de los aspectos más complejos para la nueva administración de Joe Biden, en su relación con el contexto continental. No solo alentado por su vicepresidenta Kamala Harris que viene de una familia migrante, sino por la presión misma de las circunstancias

Biden trata de componer todo lo que ha hecho mal Trump. No solo con la construcción del Muro de la Vergüenza en la frontera de México, sino en su relación en general con Latinoamérica. Biden es un conocedor de América Latina, a la que como vicepresidente de Barack Obama ha visitado 16  veces.

Recordemos que Trump aprovechó la circunstancia de que Kuczynski, hijo de migrantes, aspiraba a hacer lo que creía una política favorable hacia el gobierno de Washington. Entonces nombró a su amigo, antiguo compañero de una universidad en los EEUU, como canciller. Crearon el llamado Grupo de Lima, que tanto desgaste –en dinero y esfuerzo- costó, en tanto  dejaron  que Maduro madurara en el poder. Y se propició una migración masiva hacia el Perú de venezolanos,  que Trump jamás  recibiría. Un resultado muy  distinto al éxito en 1980 con Cuba.

Debemos corregir  errores del periodo gubernamental PPK.  Es urgente recomponer las relaciones con una potencia de prestigio mundial, en el contexto de nuestros  intereses permanentes.  Más aún si se tiene en cuenta que Europa ha avanzado –cosa poco comentada en el Perú- con un acuerdo de inversiones con la República Popular China, que deja tanto a Lima como a Washington, en la necesidad de estrechar mutuas relaciones de toda índole, con base en nuestros valores comunes e intereses complementarios.

No olvidemos tampoco que la tercera parte de los peruanos que migraron vive en los EEUU, y contribuyen hoy al desarrollo de ese gran país.