Los impuestos son un robo, un flagelo para los emprendedores, una condena para los más favorecidos y un modo muy efectivo para espantar a los inversionistas. Los impuestos castigan el éxito de las empresas privadas y la capacidad del ciudadano de a pie para generar plusvalía; también obligan a un gran porcentaje de la población a preferir mantenerse en la informalidad.
El impuesto a la renta (IR) golpea al gran empresario, tanto como al trabajador; el impuesto general a las ventas (IGV) encarece los productos de necesidad básica (alimentos, medicinas, artículos de limpieza y ropa) y el impuesto a los dividendos le mocha cinco por ciento más a los inversionistas cuyas empresas ya pagaron el IR y el IGV previamente. Así las cosas el Estado se lleva más del 50% de las operaciones de una empresa privada, como si fuera un socio mayoritario. Esto es una aberrante manera de confiscación.
Ninguna categoría de impuestos debería superar el 10%, que vendría a ser equivalente al tradicional diezmo. Lo que urge es encoger al Estado y hacerlo eficiente, desaparecer a las empresas públicas, privatizándolas para que no engullan el presupuesto estatal ni sean centros de corrupción.
Ayer Pedro Francke -gobernador del Perú ante BID Invest y ministro de Economía del régimen de Pedro Castillo- dijo que la próxima semana presentará al Congreso una propuesta de reforma tributaria y solicitará facultades para legislar. El castillismo pretende cambiar la tributación minera y combatir la evasión. Francke -que aporta a las AFPs privadas y no a la ONP, pública- quiere una reforma roja del sistema tributario. En el camino ha dicho algunas sandeces como “Hay ganancias grandes por un precio alto del cobre. Podemos tener una mejor forma de compartir eso entre Estado y empresa privada”. A ver si nos cuenta ¿por qué alguien debe compartir “mejor” -con el Estado o con cualquiera- el producto de su trabajo, de su inversión y el riesgo que tomó, si los montos ya fueron pactados?
Además, contracorriente de la amplísima libertad de la virtualidad, dijo que se impondrán impuestos a las plataformas digitales. Con eso solo veremos disminuir y retroceder a ese sector. ¿Para qué entonces qué tanta alharaca al crear un ministerio de Ciencia y Tecnología, si Francke apuesta por castigar a la cuarta revolución industrial (4RI) y obstaculizar la quinta revolución industrial (5RI), en sus albores? Rojo, al fin y al cabo.
El voraz megalodon llamado Estado pretende comerse más de nuestro dinero y nada lo detendrá. Con su monopolio de las fuerzas públicas nos obligará a entregarle mucho. Un asalto a mano desarmada que puede promover una masiva fuga de capitales, de talentos e innovaciones. Obligarnos a mantener a un Estado
ineficiente, es abusivo. Pretender que se le entregue un pedazo mayor de la torta, es injusto y contraproducente.
Necesitamos inversionistas y para eso, menos impuestos.

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