Los contribuyentes somos responsables del luto y el dolor, de los contagios evitables y las muertes por Covid; de la pulverización de la economía, esperanza y sueños de millones de compatriotas. Tamaña tragedia ha sido generada por los regímenes perversamente torpes de Vizcarra y ahora del Morado. Incompetencia financiada por quienes pagamos impuestos, por nosotros esclavos de la Sunat, el ente recaudador de impuestos capaz de exprimirnos hasta dejarnos sin sangre para que las autoridades vivan cómodas, puedan contratar a sus amigos fumones o estrafalarios, como el tal Swing.

La crisis sanitaria desencadenada por el virus del Partido Comunista Chino, PCCh, ha creado una fisura insalvable entre la población y sus autoridades que solo atinan a declarar nuevos confinamientos, impedir el funcionamiento de negocios y el trabajo de millones. Mientras tanto Sagasti, el morado, y sus ministros viven de nosotros y de los humildes consumidores que hasta por una medicina deben pagar el Impuesto General a las Ventas, IGV, el cuarto más alto de Latinoamérica.

Estamos esclavizados por la Sunat que nos quita nuestras ganancias para, entre otras cosas, las bestias incapaces de manejar la pandemia tengan sueldo, aunque dejen sin oxígeno y camas UCI a los más pobres. ¿Pagar impuestos para eso? Es inmoral. El Estado inútil y corrupto debe meter su mano sucia en los bolsillos, más bien, del Cartel de la Construcción, de los involucrados en Lava Jato, del señor José Graña y de los pillos fiscales que permitieron que esa organización criminal peruano-brasileña se salga con la suya, evada tributos y lave cientos de millones de dólares por rutas que alguna vez el periodista Gustavo Gorriti reveló.

Ante la segunda ola no hay estrategia, solo confinamiento y #toquedequiebra. Eso ya fracasó y hay que ser de una brutalidad contumaz para querer tropezar dos veces con la misma piedra.

En octubre 2020 el doctor David Nabarro, de la Organización Mundial de la Salud, OMS, pidió a los líderes mundiales evitar los confinamientos como medida principal “pues solo tienen una consecuencia que no debe menospreciarse, y es que hacen a los pobres, mucho más pobres”; escrito está en la revista británica The Espectador. Margaret Ann Harris, vocera de la OMS, explicó a la BBC que les “gustaría ver a gobiernos y comunidades hacer de forma continua todas las otras cosas que pueden desacelerar la transmisión del virus” (lavado de manos, distanciamiento, uso de mascarillas, evitar multitudes y espacios mal ventilados).

Para Sagasti y su gabinete incompetente es fácil encerrarnos, imponer su #toquedequiebra, antes que repartir mascarillas, gel desinfectante, suplementos vitamínicos y alimentos de calidad. No está en su radar impulsar la construcción de viviendas dignas, con buena circulación de aire, realizar masivos testeos moleculares y aislar a los pacientes contagiados. Su lógica es “enciérrense y muéranse juntos”. ¿Impuestos para eso?