La última presentación del presidente del gobierno de transición y emergencia, Francisco Sagasti, y parte de su gabinete, en una conferencia de prensa esta semana para informar sobre la situación de la covid-19 en nuestro país, demostró una carencia grave del manejo de la comunicación. Tanto él como sus colaboradores, se enredaron en su propio ovillo, dando como resultado una clara imagen de desgobierno.

Una información que era puntual y objetiva, se tornó en absolutamente confusa, cuando tenían que comunicar la situación de la pandemia en las distintas regiones del país y las medidas concretas a tomar en cada una de ellas, de acuerdo a la misma. Las presentaciones gráficas eran vagas y no coincidían con el discurso, motivo por el cual, después de la conferencia, los periodistas tuvieron que hacer malabares para traducirlas, con cargo a consultarlas al día siguiente en el diario oficial El Peruano, para asegurarse de que no se estaban equivocando en la interpretación.

Esta es una muestra de lo que realmente podría estar pasando al interior del Ejecutivo, tanto a nivel de la Presidencia del Consejo de Ministros, como de cada uno de los ministerios e instituciones, como los hospitales, que deben hacer frente a la emergencia sanitaria que, en estos momentos, como hace unos meses, está llevándonos a una situación en la cual las camas de cuidados intensivos (UCI) han sido copadas en todo el país y el personal ya no se da abasto para la atención.

A todo ello se suma el retraso en la adquisición de la vacuna anti covid-19 y las constantes contradicciones en las que caen los voceros del gobierno al respecto. Callan los costos reales de aquella que, nos aseguran, se ha adquirido ya y que sería la china Sinopharm con una efectividad máxima del 75% y un costo de 72.5 dólares la dosis, uno de los precios más altos del mercado que sólo se habría vendido a unos cinco países africanos y asiáticos y nada más; siendo el Perú el único de América Latina en adquirirla y con el mayor número de dosis: 38 millones.

El desgobierno, que también se ha vivido en las protestas de las carreteras sur y norte, afecta a todo el país en lo referente a la falta de pericia para hacer cumplir las normas sanitarias que requieren de una estrategia de comunicación clara y consistente, para incidir en un comportamiento más responsable de la ciudadanía, acostumbrada a caminar al filo de la ley o saltársela, sin el menor reparo en las consecuencias personales y sociales.

Pero, sin un liderazgo que emane de una autoridad legítima que comunique y aplique las normas y la ley para todos, sin recurrir a los que muchos perciben como “doble moral política”, es prácticamente imposible pretender conductas ciudadanas sanas y responsables de sí mismos y de los otros del bien común.

Los errores en todo acto de comunicación devienen de no tener claridad ni firmeza de ideas, conceptos ni objetivos; como también de la dificultad para ser transparentes y decir la verdad. Sin comunicación se produce, necesariamente, el desgobierno porque se desdibujan las políticas y las metas conjuntas.

Por eso es que Violeta Bermúdez, actual PCM, se equivoca si cree que se puede pasar por agua caliente el trabalenguas de la última conferencia de prensa, donde se debía informar de un tema de vida o muerte para el país.

La presentación fue un auténtico esperpento que lo único que demostró fue la incapacidad de gobierno de la actual administración.

Excongresista