El debate público sobre la ratificación en el Congreso peruano del Tratado de Escazú amerita la máxima atención. Por el momento, están primando las voces que se oponen a la aprobación y a favor solo ha trascendido la opinión de la ministra del Ambiente, Fabiola Muñoz, quien firmó la adhesión en la Asamblea General de Naciones Unidas realizada en Nueva York en septiembre de 2018, con el apoyo del Cancillería, a cargo en ese momento del embajador Néstor Popolicio y de la opinión favorable del Poder Judicial.

El sector empresarial de las industrias extractivas ha encendido las alarmas porque en lo que se refiere a ambientalismo, participación ciudadana y consulta previa, la defensa de su prédica ha perdido mucho terreno.

Se menciona por parte de los opositores al Tratado que, en la legislación peruana, y la ratificación de otros tratados y protocolos internacionales, hay un reconocimiento a los derechos ambientales, caso del Protocolo de San Salvador, que ha sido referido recientemente desde la Cancillería, presidida hoy por el embajador Gustavo Meza-Cuadra.

Es correcta la afirmación sobre la legislación peruana y al Protocolo invocado, donde hay una escueta mención al derecho al medio ambiente sano, en el artículo 11. Sin embargo, tenemos muy malos antecedentes en el cumplimiento de la ley, hechos abundan en la industria petrolera, minera y forestal.

Los casos de los impactos ambientales no remediados de los lotes 192 y 8, del oleoducto nor peruano, del Complejo Metalúrgico de La Oroya y la deforestación en las regiones de Ucayali, San Martín, Loreto y Madre de Dios, son muy malos ejemplos; donde la ley es letra muerta, el Estado indolente y el Poder Judicial laxo.

Veo dos temas fundamentales en la discusión: la participación ciudadana en la toma de decisiones y el tener una instancia supranacional para la solución de controversias, que recae en la Corte Internacional de Justicia; ante el temor de sectores ciudadanos y de las industrias extractivas en las decisiones de última instancia por organismos internacionales, donde prima el pensamiento progresista.

Vale la pena una discusión informada y desapasionada de un tema trascendente para nuestra economía que es muy dependiente del extractivismo.