Ineficacia punitiva

Ineficacia punitiva

Durante los recientes días declarados no laborables -“feriado largo”- de la semana pasada tuvimos la oportunidad de viajar por tierra al interior del país. Como ya es costumbre, fue un enorme placer admirar los hermosos espacios naturales que nos ofrece el territorio nacional.

Pero nuestra admiración inicial pronto se transformó en aflicción cuando a la entrada y salida de importantes ciudades de nuestra costa, como Trujillo, Chiclayo y Piura, nos percatamos de la presencia de grandes cantidades de desechos.

Su acumulación era de tal magnitud que parecía que esas zonas se habían convertido en depósitos naturales de basura. Hasta el plástico ocupaba las ramas de los arbustos o se confundía entre las piedras y la arena, principalmente al borde de la carretera.

Lo que acabamos de describir no solo revela el descuido de las autoridades locales y regionales en lo que se refiere al tema de la salud y limpieza públicas, sino también la ineficacia de la persecución punitiva cuando se incumplen las normas relativas al manejo de residuos sólidos.

Al respecto, el artículo 306 del Código Penal sanciona a aquel que sin autorización ni aprobación de la autoridad competente establece un vertedero o botadero de residuos sólidos que pueda perjudicar gravemente la calidad del ambiente, la salud humana o la integridad de los procesos ecológicos.

Este artículo no solo sanciona la conducta dolosa, sino también la conducta negligente. Sin embargo, la respuesta punitiva que ofrece no es severa: no más de cuatro años de pena privativa de la libertad en el primer caso y no más de dos en el segundo.

Quizá por ello es que no parece ser motivo de preocupación el terrible daño ambiental que esos vertederos ocasionan, además de la melancólica imagen que dejan tras de sí en esas importantes ciudades costeñas de nuestro país. Y tal vez hasta en otras ciudades más.

Conocemos los daños que puede ocasionar el plástico no solo en las diversas especies acuáticas, sino también en las aves. Si bien es uno de los grandes descubrimientos científicos de los años cincuenta, su acumulación produce graves e irreversibles daños ambientales por causa de su lenta degradación y por los agentes químicos que genera su descomposición. Estos últimos se filtran en el subsuelo y afectan las aguas subterráneas y también la vegetación.

En diversos lugares del territorio peruano es lamentable comprobar que el plástico aparece esparcido en numerosos botaderos o vertederos, hecho que configura una corresponsabilidad. Por un lado, la de nuestras autoridades. Por el otro, la de nuestros ciudadanos.

El Perú es un país pletórico de diversidad biológica y extensos espacios naturales. ¿Tan poca conciencia existe sobre la protección ambiental para comportarnos únicamente como consumidores irracionales de nuestros recursos sin velar por la conservación de los espacios naturales? Por el lado político y del derecho, parece que la agenda verde no tiene un espacio ni tampoco es un asunto prioritario para nuestras autoridades de turno.

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