Mientras en el mundo la generación de electricidad con recursos renovables (RER) marcha aceleradamente no solo en participación de abastecimiento de la demanda, sino también en tecnología, pasando de las clásicas solares, eólicas, geotermia y biomasa; a la termosolar, eólica marina, electromovilidad e hidrógeno; en nuestro país ha sufrido un estancamiento, no solo con las tendencias mundiales sino regionales, siendo nuestro referente Chile.
El compararnos con nuestro vecino del sur obedece a que las legislaciones promotoras de las RER se dieron solo con un mes de diferencia. Chile, lo hizo el 1 de abril del 2008 y nosotros el 1 de mayo. En ambos casos, se pusieron condicionales para revisar en el 2013, si la participación en la demanda se modificaría del 5% inicial. Mientras ellos cumplieron, por nuestro lado fuimos pasando impunemente al olvido la obligación de fijar una mayor participación porcentual.
Al cierre del 2020, la obligación porcentual en el país del Mapocho, fue de 7.9% de la demanda, sin embargo, en términos reales llegaron al 23.7%. Mientras tanto, aquí nos hemos quedado en un magro 5.3 % de la demanda sin considerar hidroeléctricas y 12.3% considerándolas.
Cuando se hace la comparación en cantidad de energía producida por tecnología, las diferencias son vergonzosas en contra nuestro. En solar, su producción es 10.8 veces la nuestra; en eólica, 3.2 veces y en biomasa, 6.8 veces. Además, cuentan con producción geotérmica, que acá parece incomodarle a alguna empresa hidrotérmica que no tiene participación en generación RER, cosa que se puso de manifiesto a través de sus terceros voceros cuando se discutía en el Congreso un proyecto de ley que entre otros puntos tocaba el tema.
La interrogante que emerge es ¿qué cosa ha ocurrido para qué haya esta parálisis? ¿Se necesitaba una nueva ley como en Chile? La respuesta es no, la propia ley peruana (DL 1002) señalaba que era facultad del Ministerio de Energía y Minas, decidir cada 5 años a partir del 2008, si se modificaba el porcentaje obligatorio del 5% de participación del consumo nacional sin considerar hidroeléctricas; cosa que no se ha hecho en el 2013 ni en el 2018. ¿Habrán influido para las omisiones los incómodos de hoy?

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