Han pasado sesenta años, desde que en 1960 la consultora internacional “Arthur D. Little Inc.”, presentó al Gobierno del Perú, a través del en ese entonces Ministerio de Fomento y Obras Públicas, un extenso y buen informe denominado “PROGRAMA DE DESARROLLO INDUSTRIAL Y REGIONAL PARA EL PERÚ”.

La consultoría contratada por el Estado peruano, lo fue porque en aquella época se consideraba que el desarrollo de nuestro querido Perú debería estar sustentado en el sector industrial.

En una primera parte el informe contenía el lógico diagnóstico situacional con los aspectos y recomendaciones generales para el desarrollo industrial propuesto. La segunda parte era la selección de una amplia zona nacional para el desarrollo industrial y energético, así como su plan de interconexión vial a lo que se denominó “Plan Perú-Vía”. La tercera y última parte era la de las “Oportunidades Industriales para el Perú”.

Al iniciarse el estudio y en el primer párrafo del mismo nos señaló respecto al Perú que “…su estabilidad política y su supervivencia económica a largo plazo están seriamente amenazadas por el aumento explosivo de la población, el nivel de vida bajísimo de más de la mitad de ésta y la concentración de riqueza en pocas manos”. Agrega que “de no admitirse el peligro de esta situación y, por ende, de no movilizarse los recursos necesarios para afrontar este peligro inminente, grandes cantidades de peruanos no tendrán la oportunidad de ganarse el sustento ni de sobrevivir con un mínimo de decencia”.

Cuando leemos el párrafo glosado, nos parecería que está visualizando la actual situación peruana, pero era de hace sesenta años y poco ha variado desde esa época, pues nos hemos dedicado a gastar y gastar en consultorías e informes situacionales y de proyección, pero enviándolos a los anaqueles de los archivos para que lo disfruten las polillas pero sin hacérseles el más mínimo caso.

Contamos con un instituto nacional de planificación, más conocido como CEPLAN, a donde deberían enviarse todas las consultorías efectuadas hasta ahora para el deseado desarrollo socio-económico del país, y para que dicha entidad gubernamental, con su mismo personal y recursos, pueda -por el tiempo transcurrido- distinguir entre lo que ya no es viable de lo que sí lo es, haciendo un compendio ordenado y muy bien meditado de cómo debería ser nuestro desarrollo a futuro, con metas y cronogramas, a fin de que todo lo gastado del erario nacional en consultorías tengan razón de ser y utilidad práctica.

Felizmente, lo que no se hizo desde el Estado, articulando a los sectores públicos y privados, lo hizo el genio emprendedor de nuestros compatriotas, quienes iniciándose desde la informalidad, han logrado una clase social emergente e ingeniosa, además de laboriosa, que generó autoempleo y elevación de niveles de vida.
Son esos millones de peruanos los que hicieron realidad el sueño de la casa propia, también el de dar un mejor nivel de vida a sus hijos por medio del acceso democrático a la educación superior y universitaria, y por último, micro y pequeñas empresas que son modelo para el mundo.