En medio de la preocupante inestabilidad nacional fruto de una profunda crisis política, social, jurídica, económica, sanitaria, inseguridad ciudadana, etc., de la nada apareció en portada de este diario Carlos Barros Oreiro, ex embajador de Uruguay en el Perú, desmintiendo de manera artera al ex presidente del Perú, Alan Garcia, fallecido el 17 de abril de 2019. Enfatizamos lo de artera, pues Alan ya no podía contradecir la tardía “aclaración” del uruguayo que, dicho sea de paso, confesase semejante brulote a un periodista free lance, apenas horas antes de abordar a un vuelo abandonando el Perú. No era pues una noticia que encajaba con la grave coyuntura nacional, ni menos aún aportaba algo para atenuar y/o aclarar un hecho que dejó tan mal parado al que fuera presidente del Uruguay, el recientemente fallecido Tabaré Vásquez, quien deshonró la palabra de su embajador en el Perú.

Por cierto, Vásquez mancilló el derecho de asilo. ¡Su entonces embajador, Carlos Barros, ya se lo había concedido al ex presidente García! A este lo recibió e instaló –dormitorio incluido– en su residencia. Tanto es así que Alan permaneció allí alrededor de dos semanas a la espera de las coordinaciones entre el embajador uruguayo, su canciller; y claro, el presidente Vásquez, previéndose planificar el viaje a Montevideo del ex mandatario del Perú. Todo ello revela un hecho: que el diplomático uruguayo permitió que el ex presidente peruano traspase el umbral de su residencia y fuese admitido tras expresarle Alan su pedido de asilo. Precisemos. Haber acogido en la embajada al ex presidente García, incluso asignándole dormitorio; haber puesto a su disposición al personal de servicio de la representación para que lo atienda durante su estancia; y por si fuera poco haberle brindado semejantes cortesías a Alan sin que, como embajador, Barros presentase en paralelo una nota de protesta ante Torre Tagle –tampoco lo haría durante el período en que su importante huésped vivió en la residencia– confirman que Alan García sí fue acogido en calidad de asilado.

Tabaré Vásquez justificó su negativa diciendo que el asilo a García “podría impedir la acción de la justicia, proclamando impunidad”. Nada dijo sobre la inseguridad jurídica que hace años campea en el Perú, donde la Justicia está politizada. Lo demuestra el accionar de ciertos fiscaletes y jueces, que deciden por consigna y disponen prisiones preventivas durante años para los opositores del régimen, sin acusación ni menos aún proceso judicial. Tabaré Vásquez ciertamente soslayó aquello, limitándose a justificar su negativa al asilo porque “en el Perú funcionan libremente los poderes (del Estado), ya que el poder Judicial está llevando adelante las investigaciones de los eventuales delitos cometidos por García”. Vale decir, se lavó las manos. No obstante, la trastada de Vásquez no es lo que motiva estas líneas. Es esa sorprendente, mendaz, indigna conducta demostrada por el ex embajador Barros la que nos mueve a protestar contra él. ¿Por qué no aclaró estos hechos mientras García vivía? ¿Por qué los hizo públicos recién horas antes de dejar el Perú? ¿Qué hay detrás?