Estamos a escasos días del inicio de un nuevo periodo gubernamental y es altamente probable que Pedro Castillo sea el próximo mandatario, que iniciaría su mandato en una polarización en dos vertientes: “comunistas” y “anticomunistas”, aunque muchos de los que se alistan en uno u otro bando, no saben lo que significan las acepciones.
Hoy, se entiende el centro como sinónimo de “tibio”, en buen romance como acomodaticio, estar con Dios y el diablo, por timorato. En descargo a ello afirmo sin equivocarme que, mayoritariamente los que creen en la socialdemocracia y en el liberalismo en su verdadera dimensión, por temor de ser considerados “comunistas” o de perder amigos o auspicios, se aúpan a la prédica “anticomunista” y golpista por añadidura.
El centro no es una postura cómoda, discrepa del comunismo y de los que se etiquetan como socialistas, pero que practican la dictadura. Pero también toma distancia de los negacionistas del cambio climático, de los que dicen que la defensa justa del ambientalismo es neomarxismo, de aquellos que se oponen a las prácticas del control de la natalidad y de los que no quieren reconocer los derechos de la comunidad LGTBIQ+.
No solo eso es el centro, sino también el convencimiento de la necesidad de cambios en la economía: terminar con las arbitrariedades de las AFP, del abandono de los pensionistas del Estado; de plantear soluciones a los que están fuera de cualquier sistema pensionario, dada la informalidad laboral; de la necesidad de dar atención de calidad en los servicios de salud estatal, de mejorar el sistema de educación pública a todo nivel, de ponerle freno a los oligopolios en el comercio, en servicios en general y en particular de los financieros.
Está bien tomar postura a nombre de la defensa de las libertades individuales, pero no he escuchado un ápice de resaltar la necesidad de cambios que medio país reclama y que devino en el voto a favor de Pedro Castillo. No se ha alzado la voz en decir: “nos oponemos al autoritarismo, pero exigimos cambios”. No lo ha dicho Keiko Fujimori en campaña, ni tampoco a los que hoy la acompañan en su monserga del fraude, donde hay derecha conservadora cuyo discurso ha primado y centristas que no defienden sus fueros.

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