El Perú está atravesando la peor crisis moral de su historia, la mentira se ha convertido en el lenguaje aceptable y la verdad es motivo de desprecio, esto en la política partidaria es cosa común alimentada por intereses subalternos.

Cuando vemos que la solución de los problemas nacionales agravados por una economía de guerra requiere un liderazgo moral que conduzca a la nación a salir de sus muchas crisis, comprobamos con decepción que todos los bandos adolecen de personas sin integridad para ejercer con corrección la acción política.

No esperemos que las cosas cambien si es que ahora denostamos de las pocas personas íntegras que se atreven a sacrificarse por el Perú participando en una política incapaz de comprenderlos y menos de seguirlos, porque aún los espectadores de redes sociales se sienten cómodos vituperándolos sin conocerlos, y sin saber que muchas veces están haciéndose daño a sí mismos agraviando a hombres o mujeres justos.

La veracidad, la virtud, la seriedad, la hidalguía, la responsabilidad, el respeto, la valoración debida, la honestidad y el cumplimiento de los compromisos son cada vez más raros en el quehacer político. La política de las sanguijuelas, de los intereses creados, de los celos, las envidias y contiendas nunca engendró gobiernos justos ni una nación libre y soberana.

Ver que los partidos que encubren la corrupción de Estado con sus votos en el Congreso tienen las mayores posibilidades de ganar las elecciones próximas por estar vinculados al poder gubernamental por acuerdos soterrados, nos lleva a pensar que no podemos quedar secuestrados otra vez bajo el yugo de esta corrupción, y que debemos hacer algo.

La integridad en la acción política se ha vuelto una conducta en extinción, y es tan urgente emprender una transformación moral de la nación que nos permita rescatar los Principios y valores que edifican naciones sanas, libres y fuertes.

Mientras dejemos que el mal, la mentira, la injusticia y la indignidad prevalezcan en la acción política y en la vida social no habrá remedio para los problemas del Perú.

La política del Bien, de la Verdad, de la Justicia y de la Dignidad, la que está encima de las izquierdas y derechas y de las mezquindades humanas, será la única capaz de forjar hombres y mujeres de integridad en la acción política, aquellos no negociables, porque no buscan intereses propios ni transan su Principios.