Con la complacencia -¿connivencia?- de las elites socioeconómicamente más cultas y favorecidas del país, una izquierda bastarda –los caviares, surgida de la hipocresía de falsarios auto titulados socialistas, pero que en rigor son una partida de zánganos que sólo saben vivir de las consultorías del Estado y del mangoneo a una casta politiquera deplorable, como aquella que hoy nos gobierna- decidió transformar al Perú sin el voto ciudadano. De ser la exitosa nación que fue -de mediados de los noventa hasta 2010- ahora es una suerte de sociedad de desocupados, avinagrados, pauperizados, tristes y enfermos (física y mentalmente), sin que el pueblo votase por el gobernante que urdiera un avieso golpe de Estado para, sin cambiar la Constitución, convertirnos en tres años y meses en una miserable republiqueta habanera o caraqueña.

Hoy el Perú es un espectro de lo que fue hace menos de un lustro. Como antes hemos escrito, Kuczynski sembró la semilla de la maldad escogiendo a un impresentable de apellido Vizcarra como vicepresidente suyo, siendo consciente del rabo de paja que él mismo arrastraba y que pudiera desembocar –como en efecto sucedió- en su vacancia o renuncia. ¿Resultado? PPK nos endosó a un sujeto atrabiliario como jefe de Estado, quien en complicidad con la prensa corrompida -¿y una ayudita de Odebrecht?- dio un golpe de Estado para eliminar al Congreso -integrado 70% por políticos centristas- y luego convocar a elecciones legislativas para acabar enchufándonos a un Legislativo mayormente de izquierdistas, aunque sobre todo de neófitos y mal intencionados. Hoy, nuestro glorioso Legislativo es artífice de la sistemática destrucción de la estabilidad financiera; promotor de la socialización de la economía; e impulsor de la desaparición de la iniciativa privada. La irrupción del tradicionalmente quebrado fondo de pensiones del Estado como ente monopólico para manejar las pensiones de los empleados y los obreros peruanos –a quienes ese mismo Estado ya antes les robó en forma metódica sus fondos de jubilación- ha sido aprobada por una ley radicalmente populista. Aquello constituye un triunfo importantísimo para la izquierda. Porque volverá a manejar miles de millones de soles –dinero ajeno, propiedad de los trabajadores- que utilizará para dilapidarlo, tal cual ocurriese hasta hace tres décadas. Los rojos ya salivan con volver a recrear ese espectro de empresas publicas –administradas por las cúpulas políticas como si fuesen sus cotos privados- infamemente gestionadas, totalmente quebradas y endosadas a un Estado que, para no quebrar, debió endeudarse por miles de millones de dólares que debieron destinarse a Salud/Educación.

Esto acaba de revivir, luego que la Comisión de Transportes del Congreso aprobase –por nueve votos contra uno- un proyecto de ley que propone crear una línea aérea estatal “de bajo costo”, asignándole desde ya US$75´000,000 que debieron invertirse para paliar la crisis del Covid. En el planeta entero, únicamente sobreviven las líneas aéreas propiedad de grandes corporaciones privadas, que pueden darse el lujo de perder miles de millones de dólares y continuar invirtiendo. Reiteramos, los zurdos capturaron el poder por la puerta falsa y, rápida, vilmente están arruinando al país.