En los 90 ser de derecha constituía una epopeya. El socialismo había arruinado el mundo y el telón de acero caía junto al Muro de Berlín. Thatcher, Reagan y Juan Pablo II fueron, cada uno desde su tribuna, los artífices de ese cambio que representaba lo nuevo. El neoliberalismo se inició como una idea periférica y minoritaria en los círculos académicos dominados por la izquierda de mayo del 68 en el Occidente, pero esa visión del mundo estatista se gestó en realidad con el socialismo democrático luego de la segunda Guerra Mundial e incluso antes con el New Deal.

Contra eso se alzaron intelectuales de la Escuela de Chicago hasta que su prédica residual comenzó a calar a medida que la riqueza del mundo disminuía y la torta ya no se podía repartir entre los grandes capitanes del capitalismo que iban a la ruina. Todo empezó en el Chile de Pinochet donde se hicieron los primeros experimentos de esa nueva epopeya económica y social. Luego esa novedad se expandió al Reino Unido con la elección de Margaret Thatcher en 1979 y en Estados Unidos con Ronald Reagan en 1980. Empezó a forjarse entonces una nueva era. He ahí el alma de las epopeyas. Ninguna epopeya reivindica lo viejo. Todas se abren paso de lo decadente a lo positivo que se avizora en el horizonte: el futuro. En el Perú se está construyendo hábilmente una de esas epopeyas, que, a falta de monumentos significativos que lo celebren, ha sido bautizada como “Generación del Bicentenario” que tienen sus héroes en Brian e Inti, los difuntos de la “Gran Marcha Nacional”, un par de chicos trágicamente sobredimensionados con antecedentes policiales y judiciales. No son, de ningún modo, Sacco y Vanzetti. Todo calza, hasta los setenta desaparecidos que aparecieron todos y hasta los que nunca desaparecieron y estuvieron de farra, pese a que mintieron para echarle la culpa a la policía de haberlos mantenidos secuestrados a pan y agua en unas mazmorras truculentas. Nada importa la verdad ni la razón. Se necesitan héroes y villanos y punto. Y también un ideal para avanzar. La derecha se quedó en los 90 del siglo pasado, lamentablemente. Pretenden dar lecciones desde la perspectiva de la derrota del terrorismo y la hiperinflación que hoy a nadie le interesa, salvo a los que en esa época hicieron esa epopeya y representaban la novedad. Hoy ya viejos o maduros, quieren convencer desde el eco de hace un cuarto de siglo, como si el eco fuera a durar para siempre.

Para las nuevas generaciones es inentendible y eso las hace buscar en otro lado como en nuevas constituciones que ya se azuzan a imitación de Chile. ¿Y qué hay de los hijos de los actores de la generación de los 90? Son chiquiviejos, iguales a sus papás y sus mamás en pensamiento, cultos, educados, ilustrados, pero jóvenes de cuerpo y viejos de mente. Conclusión: ¡no son alternativa para oponerse al tik tok con el que marchan y bailan los desaparecidos que aparecen! Siendo así las cosas, es inevitable que los medios de comunicación y el establishmnet caviar enquistados en el Estado y la Academia (ya vemos cómo se censuran a las voces disidentes) creen una verdad oficial (post verdad) que abra la caja de Pandora para nuevas constituciones en el que el Estado y no el individuo lleven la voz cantante, por ejemplo, para poner fin a las democracias representativas y dar inicio a la dictadura conocida de las “democracias participativas” lideradas por la “sociedad civil” gobernada por las ONG caviares. Y no habrá resistencia del otro lado porque no hay novedad en el frente.