¿Inversión corporativa o gasto burocrrático?

¿Inversión corporativa o gasto burocrrático?

Uno de los grandes dilemas a resolver en la gestión pública peruana es la desconfianza ciudadana respecto al gasto e inversión que realiza el Estado con nuestros impuestos, la cual se refleja en la alta desaprobación de ministros, funcionarios, instituciones y empresas públicas.

La última encuesta de Datum Internacional revela este sombrío panorama de manera cruda y descarnada. Un 86% de peruanos considera que el Gobierno Central hace un uso inadecuado de los impuestos recaudados, un 84% piensa lo propio de Gobiernos Regionales y un 73% de los Gobierno Locales (municipio de su localidad). Mientras más cercano el nivel de gobierno, menor desconfianza, por cierto.

Esto revela también dos formas de concebir la gestión del poder al interior del aparato público. Dos mentalidades enfrentadas terminan perjudicando a quien deberían beneficiar finalmente: al ciudadano peruano. Me explico. La gerencia pública tradicional cree que la forma de medir una buena gestión es por cantidad de acciones y no calidad. Esta es la razón por la cual considera que gastar más es el objetivo máximo. La búsqueda de la eficiencia en el gasto y punto. Pero no se detiene a pensar si el impacto de ese gasto fue eficaz u oportuno para el ciudadano al cual fue dirigido.

Un ejemplo son los desayunos escolares de Qali Warma, que se incrementan año tras año, pero no logran disminuir los niveles de anemia. El burócrata piensa que tiene una mejor gestión porque da más desayunos cada año, pero el gerente moderno sabe que la gestión es peor, porque el objetivo de reducir la anemia no se está consiguiendo. Tal vez no sea culpa del burócrata. Nadie le exige coordinar con el Ministerio de Salud y otros 10 programas de gobierno para intervenir en conjunto y atacar juntos e integralmente la anemia, que es el enemigo común. El burócrata solo pensó en la cantidad de desayunos escolares.

¿Cómo logramos este cambio de chip en la mentalidad del burócrata? ¿Cómo cambiamos los indicadores de impacto en documentos de gestión en las entidades del Estado? ¿Cómo desarrollamos nuevas competencias en gestores públicos para que midan su accionar de otra manera? Ese es el gran reto que tenemos por delante.
Ensayo –a manera de aporte– dos líneas de acción fundamentales que deben acompañar una gestión pública moderna. La primera es incluir data en todos los procesos de gestión. Sin certeza no hay forma de medir y comparar resultados. Si seguimos midiendo por intuición, estamos condenados a un eterno fracaso. La segunda es comunicar para incluir al ciudadano en el proceso. Educarlo y orientarlo para que use el programa a su disposición con el objetivo de que saque el mayor provecho y exija mayores estándares de calidad en el servicio es fundamental. Data y comunicación son elementos claves para garantizar una gestión moderna y recuperar la confianza de los ciudadanos. Estos componentes marcan la diferencia entre gasto burocrático e inversión corporativa. ¿Acaso es ciencia ficción? Manos a la obra…

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