Hace unos días se han iniciado las clases escolares en nuestro país, lo mismo viene sucediendo en las universidades y demás instituciones de educación superior; aprovecharemos la ocasión para reflexionar un tanto acerca de la educación y su importancia como principal factor de desarrollo de cualquier pueblo, de cualquier nación.

Educación se hace -si o si- con dinero, no hay otra forma de hacerla, sea este recurso proveniente de las arcas públicas o de la inversión privada. En el ámbito público, el presupuesto asignado a este sector, aparte de ser magro está sujeto a poco control, no es entendido por gran parte de las personas involucradas, las mismas que suelen tener intereses particulares o de corto plazo. Esta situación traerá consecuencias poco esperanzadoras; del presupuesto público asignado a la Educación depende nuestro futuro, muy en especial el de nuestros niños.

El financiamiento educativo es responsabilidad del gobierno central, de los gobiernos regionales y de los gobiernos locales, cada uno de ellos de acuerdo con el marco legal pertinente; pero, estas instituciones ¿están cumpliendo a cabalidad su rol? ¿le asignan realmente lo que tan importante servicio básico requiere? El desafío no es nada fácil, aun en una economía próspera la dotación de un presupuesto adecuado tratará de buscar un equilibrio entre recaudación y gasto.

Conforme pasa el tiempo, el costo de los servicios básicos se han ido incrementando, sin embargo, los salarios no siguen la misma suerte; pero, el Estado siempre ve la forma de asegurar sus ingresos: mayores impuestos, venta de activos, diferir pagos, endeudamiento, etc. Nuestro Estado también tiene la responsabilidad de la atención en salud a toda la nación peruana (hoy se han sumado los migrantes venezolanos), con servicios de calidad, las pensiones de jubilación (Oficina de Normalización Previsional – ONP, Caja Militar Policial, etc.), los programas sociales; este gran pasivo le está “pasando la factura” a la Educación, al recortarle o no asignarle el presupuesto que realmente necesita.

No invertir en el futuro de nuestro país (los jóvenes) ha acarreado -y acarreará- graves consecuencias, como muestra: ¿quién le paga mejor a sus docentes, la universidad pública o la universidad privada? ¿dónde se presenta la masificación de alumnos en las aulas, en la universidad pública o en la universidad privada? Nuestros gobernantes deben asumir que el gasto -o inversión- en educación no puede ni debe ser recortado, la tecnología está llamada a cumplir un papel trascendental poniendo sus herramientas al servicio de la educación.

Quienes toman las decisiones en materia presupuestal deben tomar en cuenta los indicadores de los países desarrollados y de los que recientemente se han convertido en potencias económicas, las opiniones de los conocedores y las nuevas tendencias, mejores mecanismos de control del gasto. Los electores también tenemos responsabilidad al momento de elegir: no nos detenemos a evaluar las propuestas de los candidatos, siendo nuestro voto prácticamente un “voto ciego”, dejándonos llevar muchas veces por las emociones o pasiones en el acto electoral.

Cuando se trata de Educación, todos debemos involucrarnos, de ella depende el futuro de nuestra nación; la Educación permitirá los avances tecnológicos, el desarrollo de nuestra sociedad y la grandeza de nuestro Perú. Solo por medio de la educación tendremos un mejor porvenir.

Willy Ramírez Chávarry

Ph.D. in Business Administration, Doctor en Derecho

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