Invertir a un altísimo riesgo no es negocio

Invertir a un altísimo riesgo no es negocio

El presidente de la República, Pedro Castillo, no pierde la oportunidad, cada vez que sale al extranjero, de invitar a los empresarios a invertir sin miedo en el Perú. La exhortación de Castillo se da ante la terrible proyección del Banco Central de Reserva acerca de que la inversión privada no crecerá en el año 2022 (0%). Sin inversión privada, el crecimiento económico del país -si es que lo hay- será ínfimo. Lo que ocurrió el año 2021 (crecimos 13%) fue meramente un rebote tras volver casi a la normalidad, después de que prácticamente todas las actividades fueron suspendidas por el lagarto Vizcarra y el caviar Sagasti, consiguiendo que el año 2020 cayéramos -11%.

La invitación del mandatario, sin embargo, es solo un canto de sirena, pues no abandona esa necia idea de establecer una asamblea constituyente para cambiar la actual Constitución, provocando así harta inestabilidad.

El jefe de Estado observó la autógrafa de ley que ratifica que toda reforma -parcial o total- de la carta magna que sea sometida a referéndum debe ser aprobada previamente por el Congreso. Sumado a ello, el profesor rural se tomó la molestia de salir de Palacio para despedirse tras la reunión que sostuvo con la bancada marxista “Perú Democrático”, integrada por los disidentes más radicales y díscolos de Perú Libre, como Guillermo Bemejo, la cual insiste en que el cambio de Constitución es posible mediante una consulta popular directa, sin pasar antes por el Legislativo. La imagen de Pedro Castillo deseándole “buena suerte” a sus camaradas es nefasta.

No hay nada más cobarde que el dinero, señor Castillo. Si usted sigue con funestos mensajes, no habrá nadie que quiera meter un mango en el país. No es negocio, pues, invertir frente al riesgo de que, de un momento a otro, se cambien las reglas de juego. La seguridad jurídica es sumamente necesaria para revertir la peligrosa estimación del BCR. Siga usted reuniéndose con exministros de Economía medianamente coherentes -no como el actual Pedro Francke-, para ver si, de una vez por todas, entiende que su intención de querer cambiar la Constitución (¡ni siquiera sabe qué quiere modificar!) espanta a los empresarios.

Otrosí: las vacunas contra la covid-19 han demostrado que evitan la muerte, de modo que me pondré todas las dosis necesarias para hacerle frente a la peste; sin embargo, rechazo que a los que opten por no hacerlo se les trate como ciudadanos de segunda categoría: tanto vacunados como no vacunados contagian.

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