El Congreso aprobó el 16 de septiembre pasado el proyecto de ley que desarrolla el ejercicio de la cuestión de confianza, la que está en manos del Poder Ejecutivo para ser promulgada u observada; el plazo para ello vence el 7 de octubre. Lo probable es que el presidente Castillo la observe y sea el Congreso quien la apruebe por insistencia y la promulgue.

Esa ley es estratégica para el desempeño de la función de control político del Congreso, porque “marca la cancha” y evita que el Gobierno bajo la interpretación “chicha” de la “negación de confianza fáctica” cierre nuevamente el Congreso, como sucedió hace poco más de dos años.

En ese contexto la moción de censura contra el ministro Maraví, si bien ya está con las firmas necesarias, debe presentarse formalmente cuando ya esté vigente la ley de desarrollo constitucional sobre la confianza para evitar que el Gobierno interprete que la censura al ministro de Trabajo se considere como una negación de confianza fáctica a todo el gabinete.

Es necesario que entendamos que el Congreso tiene competencias propias y que el Poder Ejecutivo no puede interferir en ellas; el debate y aprobación de leyes, la interpelación a los ministros y la censura, la designación de altos funcionarios públicos, entre otras, son facultades constitucionales del Congreso y que no deben ser neutralizadas con interpretaciones coyunturales como ya se hizo en el gobierno del señor Vizcarra.

En política se debe medir y evaluar los tiempos correctamente; en este caso la Moción de Censura, cuyo plazo de presentación es abierto ya que de acuerdo con el reglamento del Congreso pueden presentarse “luego” de una interpelación, debería esperar, repito, hasta cuando entre la vigencia de la ley de desarrollo constitucional, que en mi cálculo sería luego del 10 de octubre.

El Poder Ejecutivo, hoy y siempre, debe entender que la cuestión de confianza se presenta solamente después de una exposición de la política general de gobierno y de las medidas que requiere su gestión expuesta por el presidente del Consejo de Ministros al asumir funciones.

Los congresistas deben actuar estratégicamente y no impulsivamente. Muchas veces la población no entiende que los plazos y los tiempos políticos no son cronológicos y que no se miden con un reloj. En política juegan muchos factores los cuales no siempre son visibles. Hay que ir despacio, cuando estamos apurados.

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