Columnista - Isaac Humala Nuñez

Firmada la colaboración con Odebrecht. ¿Y ahora?

Isaac Humala Nuñez

20 feb. 2019 02:50 am
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La eliminación de la compuerta que mantenía estancados los procesos por corrupción, ha exasperado la pugna por la Presidencia de la República: el Congreso vaca al presidente Vizcarra o este cierra el Congreso. Es este el contenido del quehacer político en el Perú de estas semanas.

Por el momento, la investigación empieza solo con los grandazos: ex presidentes de la República y ex alcalde de Lima, y solamente por cuatro grandes obras de las decenas ejecutadas solo por Odebrecht. Seguirán con las decenas y centenares de obras y megaobras que involucran a las otras constructoras brasileñas, que implican a ministros, viceministros, fiscales y magistrados supremos, vocales del Tribunal Constitucional, exmiembros del extinto Consejo Nacional de la Magistratura, rectores de universidades nacionales, gobernadores regionales y alcaldes provinciales y distritales.

Un verdadero huaico de moralidad en el Perú. Solo comparable con los megahuaicos del siglo antepasado: “Reconocimiento de la deuda interna” por los estragos de la guerra de la independencia (1814-1824), de la corrupción del guano y del salitre (1842-1879) y la del autodespojo de los recursos renovables y no renovables y de la soberanía nacional a partir de 1993 (delincuencial FujiConstitución).

Siguen actualmente en el poder los corruptos; son mayoría absoluta en la actual Fiscalía de la Nación, Poder Judicial y Congreso, todos creyentes en Dios y el Fondo Monetario Internacional-Banco Mundial y de quien se encuentre de turno en la Presidencia de Estados Unidos. Pero, no obstante esa mayoría, el Perú profundo no solo está despierto sino virtualmente amotinado; convertido en actor decisorio; es decir, el patriotismo actúa en plazas, calles y caminos a lo largo y ancho del Perú.

La figura del general EP Juan Velasco Alvarado y el ejemplo de Evo Morales, presidente del Alto Perú o Bolivia, inspiran e ilustran a nuestra población.

La indemnización por daños y perjuicios de Odebrecht para el caso de las cuatro obras fijada en S/ 610 millones es ridícula, podría ser de US$ 6,100 millones; pero es solo dinero, incomparable con el restablecimiento de la moral en la Nación.

Tras las movilizaciones asoma la nacionalización no solo de los bienes o riquezas sino la “nacionalización” de los peruanos de las futuras generaciones mediante el restablecimiento del servicio militar obligatorio, de los cursos de Historia y Geografía del Perú, instrucción premilitar y 45 horas semanales de clases en escuelas, colegios y universidades. Así serán modelados los futuros peruanos, con educación, con sólidos principios éticos y patriotismo cabal.

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