Columnista - Isaac Humala Nuñez

Junta Nacional de Justicia

Isaac Humala Nuñez

6 feb. 2019 03:10 am
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La convulsión política del Perú de estos años no es peor que la de 1930-31 marcada por el derrocamiento del presidente más antichileno que hemos tenido, Augusto B. Leguía. Un año antes de su derrocamiento había recuperado Tacna y Tarata; y a sólo meses de su primer gobierno había roto relaciones diplomáticas con Chile, instaurado la ley de movilizables e instaurado la Instrucción pre-militar en colegios y universidades, creado clubes de tiro en capitales de departamento y principales provincias. Como combatiente que fue en las batallas de San Juan y de Miraflores tuvo como axioma político el dicho de José de la Riva Agüero: “Chile funda su prosperidad en la desorganización y ruina del Perú”.

Consecuentemente en la Constitución de 1920, hecha bajo su inspiración, existen artículos patrióticos como el artículo 2: “La Nación es libre e independiente y no se puede celebrar pacto que se oponga a su independencia e integridad y que afecte de algún modo su soberanía”. Artículo 4 “El Estado debe… atender el progreso moral, intelectual, material y económico del país”.

En marzo de 1931, David Samanez Ocampo llega de su hacienda de Apurímac a Lima y juró la Presidencia de la República el 11 y a solo dos días, el 13 designó una Comisión Electoral integrada por Alberto Alca Parró, César Ugarte, José Antonio Encinas, Luis E. Valcárcel, Jorge Basadre Grohmann, Carlos Zelaya y Luis Alberto Sánchez. La comisión funcionó en la Biblioteca de la UNMSM.

En la Junta de Gobierno había personalidades de la calidad de Rafael Larco Herrera, arqueólogo, benefactor social y terrateniente,

En las elecciones participaron con alta calidad tanto los partidos como los candidatos:

-Unión Revolucionaria, comandante Sánchez Cerro, 156,082 votos.

-Apra, ideólogo Víctor Raúl Haya de la Torre, 106,447.

El 8 de diciembre de 1931, Samanez entregó la banda presidencial al comandante Sánchez Cerro.

Corridos 88 años (1931-2019), no existen en la actualidad siete personalidades equivalentes a los designados por Samanez Ocampo.

Consejo Nacional de la Magistratura es entendible: colegiado de jueces; pero Junta Nacional de Justicia es ininteligible pues Justicia no es persona, es lo máximo de la axiología (teoría y ciencia de los valores morales).

El libro “Abrirse paso” de Orison Swett Marden comienza así: “Linterna en mano en pleno día buscaba Diógenes un hombre, llegado al mercado gritó: Oídme hombres, y cuando tuvo un grupo apiñado en torno a él, les examinó con su linterna y exclamó: Busco hombres, no pigmeos”.

Samanez Ocampo, cumplida su misión, regresó a su hacienda a trabajar sus tierras y se apartó de la política, al igual que el romano Sila.

 

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